Recuerdos de un dinosaurio de 100 años

Alejandro Cea Olivares.

Hidalgo 9 de julio del 2022

Cuando vi en la película Roma la matanza del jueves de Corpus, me solté llorando, debí salirme, no paraba mi llanto: estuve a punto de ir a esa manifestación, me dominó la tristeza y reviví mi coraje contra Echeverría. Volvieron los recuerdos: mis amigos muertos en el 68, en particular el Chomi de diez añitos. Reviví mi salida obligada de la ciudad pues por participar en las protestas por un par de amigos desaparecidos, me avisó un pariente de Moya Palencia que me iban también a desaparecer.

Y me vino el recuerdo de la devaluación, la inflación y los apremios económicos en mi casa y vecinos. Recordé, además, que en mi familia juntando todos nuestros ahorros y endrogándonos estuvimos a punto de perder la compra de una terreno a buen precio pues el dueño se cansó de ser plantado en la notaría porque el notario, me dijo su segundo, salía todos los días a Los Pinos o a Palacio pues el Presidente (era 1976), estaba regularizando o transfiriendo docenas de sus propiedades.

Eso recordé en ese momento: el asesinato, mi huida, los problemas económicos y la perdida de una gran oportunidad. Le deseé a Echeverría que viviera cien años para morir solo, inútil con larga enfermedad. Creo que mi deseo se cumplió.

De la demagogia, del diario y ridículo hablar, del centralizar el poder, de sentirse transformador del país, ni platicar tiene sentido pues hoy lo vivimos diariamente con esta su reencarnación tabasqueña.

Ese es mi modesto testimonio.


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