La vigencia de una Constitución política, como la española de 1978, y la pertenencia a la Unión Europea, comunidad supranacional de Estados muy exigente en materia democrática y respeto de los derechos humanos, ha dejado de ser una garantía de veracidad democrática en España, debido a la corrupción tan profunda que anega a las instituciones, y, a partir de la llegada al Gobierno del presidente Pedro Sánchez, en coalición de partidos de la izquierda política e independentistas, la triste realidad de que España es tan solo un Estado social y democrático de Derecho a título nominal, se ha acentuado hasta trasvasar los límites que separan la democracia del totalitarismo.
La corrupción en la política, no es otra cosa que el imperio del mal y de la maldad, lo cual, traducido al lenguaje ético-jurídico, significa que se está usando la política como tapadera del crimen organizado. Es decir, que todas esas siglas políticas llenas de adeptos, y todos esos líderes que nos comen la oreja con promesas maravillosas, nos están engañando y están traicionando a la patria, porque han hecho del poder un ámbito con cámara doble: por un lado, el trabajo que vemos a nivel superficial, que es erróneo e incompetente en bastante de sus aspectos; y, por otro lado, un trabajo escondido y oculto, porque es ilegal, basado en el robo, la malversación de caudales, y las violaciones de los derechos humanos.
Concretamente, el actual Gobierno español, que preside Pedro Sánchez, como es aireado por los medios de comunicación, se está encargando de hacer de su capa un sayo, con las leyes, de descalificar y ningunear a los jueces y al Poder Judicial, y de mentir y someter a engaño a la opinión pública, sobre la marcha de su gestión política, manipulando datos estadísticos, y realizando argucias tendentes a presentar resultados que no se corresponden con la realidad presente.
Pero la manipulación va mucho más allá, ya que el actual Gobierno español, se dedica a infiltrarse en las principales empresas del país, y en los medios de comunicación de mayor influencia, de manera que sea capaz de redirigir y amordazar las acciones y las críticas, que pudieran no convenirle de cara a una eventual relección en los próximos comicios electorales.
Además de todo esto, nos encontramos con un olor a chamusquina y hedor de alcantarilla, porque existen firmes sospechas de que se están realizando otro tipo de actuaciones ilícitas y violadoras de derechos fundamentales, que deberían ser investigadas, no solo a nivel nacional, sino desde los organismos europeos que velan por el respeto de la legalidad y los derechos humanos, dentro de la Unión Europea.
Unión Europea, que, por cierto, presenta un comportamiento algo extraño, consistente en hacer la vista gorda con este Gobierno español, al cual se le está poniendo en entredicho, respecto a su gestión llena de dudas sobre la veracidad, y respecto a la conducción claramente totalitaria, que nos hace intuir el fracaso de la democracia y del Estado de Derecho, para entrar en una dimensión política que no nos ha sido consultada a los españoles, a pesar de su trascendencia tan determinante para la felicidad y la prosperidad de nuestro país.
FRAN AUDIJE
Madrid, España, 29 de enero del 2023
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