A pesar del mundo que se está construyendo en la generalidad del orbe humano, debo defender que todavía quedamos personas a las que no nos da lo mismo una cosa que otra, que conservamos y custodiamos los valores que han hecho crecer a la humanidad realmente, a través de los siglos. En este sentido, debo decir que, en los tiempos que corren, se destruye más de lo que se construye, y siempre a costa de los más débiles e indefensos, paganinis a tiempo completo, de la irresponsabilidad consciente de los revestidos del poder.
Valores como la formalidad en las relaciones afectivas, la capacidad de abnegación en el amor, y la consiguiente fidelidad. El respeto por la intimidad de los demás, que conlleva un control de instintos básicos, como la envidia, el rencor, o el egoísmo. El convencimiento de la necesidad de perdonar y de disculpar las faltas de los demás, por graves que hayan podido llegar a ser en un momento determinado, medida tan imprescindible para la paz social, y para restablecer la concordia entre los que estamos llamados a ser hermanos.
Cada vez que dejamos de pensar en el otro, como alguien portador de la misma dignidad que nosotros, por muy diferente que pueda ser su pensamiento o modo de concebir la vida, estamos contribuyendo a un mundo más injusto, en el que será fácil que surjan conflictos graves, incluso la guerra. Y la guerra, como una tremenda irresponsabilidad de los poderosos, que pierden todos los escrúpulos a la hora de enviar a combatir a los jóvenes. Tampoco durante las guerras se tienen reparos en violar los derechos humanos de manera horrenda y sangrante, hasta límites insospechados.
Por favor, pido y ruego, una pizca de cordura en estos tiempos de hipocresía tan sumamente grotesca. Hipocresía, empleada en el engaño y el embauque de los pueblos, a los que se pretende conducir por cañadas oscuras, hacia el precipicio sodomita. Si hablamos de igualdad, fomentamos con nuestros actos la marginación del que no se atiene a voluntades abusivas y denigrantes. Si hablamos de feminismo, o de defensa de los más pobres y oprimidos, en la realidad estamos permitiendo la prostitución y la trata de personas.
Hemos de admitir que, el mundo, no va por buen camino, puesto que las naciones más poderosas están dando ejemplo de olvido y relativización de la dignidad de las personas. No da lo mismo una cosa que otra, y no todo el monte es orégano. Por favor, cordura.
FRAN AUDIJE
Madrid,España,24 de marzo del 2023
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