De mis tiempos de estudiante de Derecho, recuerdo aquella enseñanza de que, una conducta que se repite continuamente en el tiempo, acaba por convertirse en costumbre, siendo la costumbre una de las fuentes del Derecho, junto a la ley y los principios. Generalmente, cuando una costumbre acaba por hacerse muy reconocida, es elevada a la categoría de ley. Sin embargo, el hecho de que la costumbre sea fuente del derecho, significa que, a efectos prácticos, podría ser utilizada como argumento para defender causas judiciales, en el caso de la presencia de lagunas legales.
De todo ello es fácil concluir, que en un país donde la corrupción política se hace fuerte a lo largo de los años, delinquir acaba por elevarse a costumbre, y una costumbre delictiva, que permanece a lo largo del tiempo en total impunidad, sería capaz de revertir el estatus jurídico de la nación, pasando de un Estado donde impere la libertad, a un Estado donde impere la tiranía y la opresión, no ya solo de una forma oficiosa, o subrepticia, sino perfectamente institucionalizada y legal.
Un caso que me suena bastante, a propósito de lo expresado, es el actual de España, país en el que se mantiene la costumbre política de la corrupción generalizada, desde décadas, sin que ocurra gran cosa, aparte de algunos escándalos puntuales muy mediáticos, en los que tampoco pagaron los que tenían que haber pagado, bien fuera por falta de pruebas, o porque se les aplicó el recurso político del indulto, que viene a ser la salvación que se dedican entre ellos mismos, especialmente cuando son amigos o correligionarios.
La costumbre de corromperse, entre los políticos españoles, podríamos decir que ha vivido su punto culminante, con la llegada del presidente Sánchez al poder, el cual, tras acusar de corrupción al anterior presidente, y prometer que iba a luchar contra esta costumbre decadente, lo que ha hecho en realidad es tomar el relevo de la misma, e incentivarla hasta límites que están por investigar, pero que producen sonrojo y miedo, solo de sospecharlos.
Como decíamos sobre el vuelco en el estatus jurídico de la nación, merced a una costumbre muy acentuada de ir contra la legalidad vigente, sin que ocurra gran cosa, esta ha sido la circunstancia aprovechada por el actual Gobierno español, para marginar la Constitución vigente, intervenir en las instituciones judiciales, para someterlas a su control, así como desembarcar en empresas estratégicas del país, y en medios de comunicación, con la misma finalidad de manipulación y sometimiento.
De esta manera, la corrupción ha conseguido institucionalizarse de manera aún virtual, pero tremendamente efectiva, convirtiendo a España en una dictadura solapada, bajo la que, ahora sí, es un perfecto disfraz de democracia en Estado de Derecho. Dicho movimiento maestro de la corrupción en España, me sigue recordando a lo que algunos maestros de la Universidad me enseñaron: el modus operandi de Adolf Hitler, y su partido nacional socialista, para acabar derogando la Constitución alemana de Weimar, instaurando el régimen nazi.
FRAN AUDIJE
Madrid,España,3 de mayo del 2023
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