Bienvenida a Tomás Ángeles a la Academia de Geopolítica.

Por: Atilio Alberto Peralta Merino.

Ciudad de Puebla, Puebla 18 de enero del 2024

Rodolfo Sánchez Mena, presidente de la Academia de Geopolítica adscrita a la Benemérita Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística, me ha dispensado el inmerecido honor de dirigirme a ustedes en la que será la primera sesión de un año, en el que la nación renovará los poderes públicos que le asisten, en medio de un panorama que se antoja complicado por decir lo menos.

Honor dispensado que me resulta especialmente grato y significativo cumplir, en virtud de que recibimos el día de hoy a un mexicano, al que no sólo dispenso una especial estimación en lo personal, sino que se ha erigido en figura de especial relevancia en la vida reciente de la República.
Vivimos en los días que corren una recomposición del poder mundial, comparable tan sólo acaso con el que representaron en su momento las “guerras napoleónicas”, las dos conflagraciones mundiales acontecidas en el siglo veinte, y la que sobrevino en Europa tras la caída del “muro de Berlín”.

A diferencia de los sucesos vividos una generación atrás, los actuales acontecimientos no se circunscriben a diatribas diplomáticas como las delineadas por Georg Kennan en los años 50 del siglo pasado, sino que, por el contrario, se desenvuelven en “teatros de operaciones militares”, los mismos que vienen afrontándose, el primero de ellos, desde hace dos años en la Europa Oriental, y el subsiguiente desde el pasado 7 de octubre en Gaza para extenderse desde entonces en la región del “Oriente Medio” y el Norte de África, con derivaciones en la República de Ecuador reflejándose en ello nuestro país como en un espejo.

En la obra escrita en griego por el historiador Polibio, se describen los enfrentamientos en la región isleña de Siracusa, entre las “falanges” macedonias y las “legiones” de Roma, referencia sobre la que Nicolás Maquiavelo escribiera “El Arte de la Guerra”, considerado el primer tratado sobre la materia, aun cuando los “Comentarios a las Guerras de las Galias” de Julio César habría sido quizá el primera gran parte informativo militar en la historia de la humanidad. Los principios esbozados por Maquiavaleo, remozados por Raimondo Montecuccoli durante las llamadas “Guerras de religión” o “Guerra de las treinta años”, y puestos en concordancia con la noción plena de los estados nacionales, conformados a partir de los “Tratados de Westfalia”, fueron desplegados por Napoleón en Rusia con la “Batalla de Borodín” como momento culminante.

Carl Von Clausewitz, combatiente bajo las órdenes en la ocasión de Mijail Kutusov, desprendería de dicha campaña, narrada de manera formidable por león Tolstoi en “Guerra y Paz”, la que sería la Doctrina de Guerra por antonmasia, destacándose la importancia de uno de los elementos manifiestamente descuidado por “el corso” : las llamadas “líneas de abastecimiento”. El estratega británico Eleonor Simpson, considerado el “Clausewitz” del siglo XXI, ha resucitado la llamada “guerra desde abajo” que, bajo la inspiración de Mauricio de Saxe Duque de Sajonia, plasmara Thomas E. Lawrence en su formidable libro: “Los Siete Pilares de la Sabiduría”.

Por su parte, Ferdinan Foch como Mariscal del ejército de Francia acuñó la noción de “Guerra total”, para referirse al involucramiento de todas las fuerzas que se manifiestan en una sociedad durante una conflagración; noción que, quizá resulte en realidad aplicable al momento en que vivimos, más a las sucesos de la “Gran Guerra del 14” para la que fue acuñada.

Hoy por hoy se extienden por el mundo tanto los llamados “teatros de operaciones”, como las más novedosas y sofisticadas modalidades de enfrentamiento y de disputa. Las denominadas “Guarras asimétricas” como en el caso de Gaza, y asimismo la asignación del carácter de “enemigo beligerante “ a “bandas criminales”, como acontece en el caso de la República de Ecuador incurriendo en lo que, desde mi particular perspectiva, constituye un despropósito mayúsculo; se entrelazan con acciones propias de la llamada “Guerra de cuarta generación”, en la que se despliegan lo mismo “campañas de comunicación social”, que “operaciones financieras especulativas, y “ controversias judiciales”.

Las pitonisas de las justas olímpicas en Grecia, según escuché referir hace pocos días a don Luis Benavides, inventaron el circulo que permitía calificar la destreza del tiro de arco, círculo al que llamaron “mártir” que en la lengua jónica significa “testigo”, asignando al fallo en la certeza de la saeta el término “amartio”, a partir del cual el gran traductor del griego que fue Marco Tulio Cicerón acuñaría el vocablo latino de “pecado”.

Pocos mexicanos, como don Tomás Ángeles Daduahare, cuentan con la formación y la experiencia para dilucidar los retos que como sociedad se nos presentarán en los próximos meses y semanas. Las fuerzas armadas de la Repúblicas, conformadas tras la “rebelión de Ayutla” en 1854 y consolidadas durante las “Guerras de Reforma y de Intervención” aniquilaron el entramado del pasado colonial que había sobrevivido tras la consumación de la independencia, transformándose posteriormente, en virtud de la guerra civil que la “Revolución Mexicana” trajo consigo aparejada, en el “ejército constitucionalista” el 26 de marzo de 1913.

Hoy, venimos de un pasado, acaso ya no tan cercano, en la que, tal y como hoy acontece en la República de Ecuador, se asignó implícitamente a bandas criminales la condición de “fuerzas beligerantes” en los términos de los “acuerdos de Ginebra”; impulsando al unísono, de manera perversa, una campaña de opinión pública que propiciaba la animadversión entre el ejército y la marina-armada, escindidas de la antigua “secretaría de Guerra y Marina,” originalmente conformada bajo el mando de don Joaquín Amaro, al momento en el que declaramos la “guerra al eje” el 1° de junio de 1942 , quedando al frente de las referidas dependencias los generales Lázaro Cárdenas del Rio y Heriberto Jara Corona respectivamente.

Lo anterior, en tanto que se conformaba por la Policía Federal, una milicia con mayor número de efectivos que el correspondientes a las de las propias fuerzas armadas, bajo el mando de un sujeto sobre el que los tribunales extranjeros han hecho recaer una grave sentencia de culpabilidad, y en tanto que, en contrapartida, en el seno de la institución se llevaba a cabo una intentona de purga, encausando procedimientos que resultaron a la postre totalmente infructuosos e infundados.

Dados los antecedentes y el panorama internacional avizorado, pocas afirmaciones pueden expresarse con mayor convicción como la de que muy pocos mexicanos, como el General Tomás Ángeles Dauahare, cuentan hoy por hoy con la experiencia, la formación y la entereza para acertar con la saeta el centro del círculo diseñado por las pitonisas jónicas de Grecia.

albertoperalta1963@gmail.com

Los artículos de opinión son responsabilidad exclusiva de sus autores.


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