EL PODER «A CARA DE PERRO»

Hay una cita del gran cómico y genial filósofo cinematográfico, Groucho Marx, que viene al pelo en esta reflexión que nos proponemos exponer: «Estos son mis principios, si no le gustan, tengo estos otros».

Cuando el poder se convierte en un fin, y deja de ser un medio para luchar por el bienestar del pueblo en todo su conjunto, estaríamos ante la situación que nos plantea Groucho Marx. Porque buscar el poder por el poder, conlleva la renuncia, si fuera necesario, de todo principio ideológico, en favor de la detención a toda costa del cetro o vara de mando.

Otro peligro existe, cuando se es capaz de renunciar a todo, para alcanzar el poder: la conversión del poder en una mafia, en una asociación de individuos, organizados en una serie de escalas, conformando un engranaje perfecto, orientado a la consecución del poder, con la clara consigna de establecer estructuras sociales, en las que el poder de la mafia política extienda sus tentáculos, y el control de la situación.

Normalmente, en política, las distintas opciones se proyectan sobre masas determinadas de la población, siendo el objetivo primigenio de la organización política mafiosa, el control sobre esta masa a la que se dirige en un primer momento, pero que, en ulteriores estadios, se irá extendiendo, hasta alcanzar a otras clases sociales, o segmentos de la población, ya que, el objetivo, es detentar el poder a toda costa, sin importar demasiado el perfil del votante, o de todo aquel que pueda sostener un apoyo hacia la organización política mafiosa.

Cuando ostentamos el poder de esta manera, asumiendo cualquier idea o proyecto de gobernabilidad, bajo la única ambición de permanecer en el poder, pase lo que pase, parece claro que trabajar por tu país, con la intención de promover la prosperidad y la libertad en el mismo, pasa a un segundo plano, e, incluso, a planos inferiores todavía, porque lo que de verdad importa es estar en la cúspide, sin otra intención que beneficiarse del esfuerzo común de la ciudadanía, en provecho de los mandamases, los cuales, además, van a dedicar una parte de este esfuerzo social común, al reforzamiento del tejido mafioso, el cual, por otro lado, será el que mantenga a este tipo de poderoso controlando la gobernabilidad de la nación.

Estaríamos, pues, ante un claro panorama de tiranía, sobre todo en los tiempos actuales que corren, en los que la democracia se ha declarado como la mejor y más deseable manera de gobierno. Pero, la democracia, es susceptible de ser sometida a interpretación, y transformada en un sucedáneo, es decir, en algo que se parece o pretende parecerse, a la democracia, pero que ha devenido, realmente, en un fraude social, desde el momento en que ocurre lo que acabamos de explicar con mayor o menor fortuna: que el poder deja de ser un factor de gestión administrativa social, para convertirse en una mafia, cuya finalidad sea el beneficio exclusivo del poderoso, y el de sus adláteres, a costa del esfuerzo conjunto social.

FRAN AUDIJE
Madrid,España,5 de marzo del 2024

Los artículos de opinión son responsabilidad exclusiva de sus autores. @UnidadParlamentariaEuropa


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