La revolución de la honradez y del sentido común

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Es hora de que alguien con un poquito de autoridad ética, venga a hablarnos a este mundo de locos, de las barbaridades que estamos haciendo, y que los señores que deciden en la sociedad, pretenden disfrazar como de algo normal y bueno.

A mí, personalmente, me parece perfecto que cada uno haga con su vida lo que le parezca, incluso, que hagan lo que les parezca, aquellos cuyos actos yo juzgo, desde mi criterio particular, como barbaridades. Lo que no admito de ninguna manera, es que otro que no piensa como yo, me quiera imponer a la fuerza, su criterio. Y esto segundo es lo que empieza a perfilarse en el mundo que yo conozco, y que se llama España.

Y para que esto ocurra en un Estado democrático de Derecho, tiene que existir una gran falta de honradez y de sentido común.

Precisamente, los que promueven desde hace décadas, la tiranía del pensamiento único, y la uniformidad de comportamiento, son los que más usan en este país, palabras como: Diversidad, Respeto, Libertad, Democracia, Humanidad, Solidaridad, Patriotismo, Dignidad… Es decir, que nos están engañando, así de simple. Y lo digo porque lo veo, y porque lo padezco en primera persona.

En España, desde hace tiempo, si pretendes llevar una vida consecuente con unos principios cristianos, vas a ser maltratado y humillado. A los cristianos que queremos vivir nuestra fe, de manera fiel, pero respetuosa con los otros, nos ponen obstáculos, hasta el punto de que nos obligan a convertirnos en mártires. No es exageración, la historia se repite, como sucede a menudo.

Pero, lo que más sorprende y más pena da, es que desde el mismo interior de nuestras confesiones, recibimos esos obstáculos y trabas, para vivir como auténticos cristianos. Hasta este punto ha llegado la generalización de la falta de honradez y de sentido común. Porque, cuando hablo de una fe auténtica, no me estoy refiriendo a lo puramente formal, o a una pose externa religiosa, sino a la manera de actuar con respecto al prójimo, a la manera de caminar en la vida y de tratar a los demás.

No voy a acusar a nadie con su nombre, claro, se dice el pecado pero no el pecador. Nunca me ha extrañado que, los que no tienen mis creencias, me hayan hecho proposiciones deshonestas, en cuanto a relaciones afectivas y sexuales, y, de hecho, me las han hecho y me las hacen, bajo amenazas y bajo un incordio constante, que no me deja vivir. Pero, siendo esto muy malo, hay algo peor aún, y es que algunos de los que se supone que son hermanos tuyos en el Señor, te hagan estas mismas proposiciones deshonestas, y contribuyan a clavarte el puñal, si te niegas a aceptar tamaño abuso y tamaña injusticia.

Yo no he ido a imponerles nada a estos señores, ni les he ido a molestar. Yo iba a lo mío, sin hacer mal a nadie de buena fe, porque es mi derecho y mi obligación, como ciudadano español, y he atraído toda esta ira hacia mí, sin causa justificada y sin proponérmelo, solo por querer ser un buen cristiano, por querer respetar a los que tienen otras ideas y creencias, y por querer ser, efectivamente, un patriota, tendiendo mi mano y arrimando el hombro, para poner mi granito de arena en la construcción de este país.

Hace falta mucha honradez y sentido común en el mundo, y sobra locura, contradicción y sinsentido, a raudales.

Están poniendo el mundo del revés: la barbaridad, empieza a ser lo normal y lo bueno; y lo bueno y lo normal, empieza a ser una barbaridad. Por favor, que más ciudadanos alcen la voz contra esta incongruencia, que nos va a llevar al precipicio. Estamos pidiendo un poquito de respeto y consideración, y un poquito de «Vivir y dejar vivir». Esta es la verdadera revolución que se necesita.

FRAN AUDIJE

Madrid,España,5 de mayo del 2024

Los artículos de opinión son responsabilidad exclusiva de sus autores. @UnidadParlamentariaEuropa


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