No es la primera vez que llamamos la atención sobre desviaciones en conductas, tanto ciudadanas, como políticas, desde esta tribuna, porque, en los últimos tiempos, y en España, concretamente, debido a la radicalización de los partidos políticos en el Gobierno, se cometen faltas bastante elementales, relacionadas, no solo con la convivencia democrática, sino también con un asalvajamiento popular, influido por ese mismo clima político radical.
El civismo es un término que alude a un comportamiento de los ciudadanos, dentro del cual sea asumible la tolerancia y el respeto, dos cualidades muy básicas de la convivencia. Como se dice mucho: «Para poder convivir, no se necesitan las mismas ideas, sino el mismo respeto».
En el anterior sentido, es importante saber aceptar que, entre nosotros, pueden existir ciudadanos dintintos o muy distintos, a nuestro tradicional modo de entender la vida, y que ello no debería ser una excusa para boicotear sus vidas. En una sociedad avanzada y demócrata, no debemos pedir que todos estemos cortados por un papel industrial o en serie, sino exigir que nos tratemos conforme a las leyes civilizadas, que posibilitan la convivencia de facto.
Nadie debería necesitar un permiso, para amar a otra persona, o para poderse realizar como ser humano. En una democracia sana, no deberíamos fijarnos en lo que cada uno hace con su privacidad, muy al contrario, el punto de atención debe ser el cumplimiento de las leyes que posibilitan la libertad ordenada, de modo que todos, sin excepción, seamos razonablemente libres, sin despreciar a la comunidad social en la que vivimos.
La diversidad es muy buena, si sabemos encajarla y comprenderla, ya que una sociedad diversa no es un patrón fijo, con algunas variantes. Una sociedad diversa, es un lugar donde se acude a la Ley para poder convivir, y donde nadie se toma la justicia por su mano. Es decir, que ante la diversidad social, solo cabe aceptarla, y manejarla mediante protocolos legales que prevengan la violencia o el abuso de poder.
Por otro lado, seguimos viviendo salidas de tono democrático en nuestros políticos, en una regresión en el tiempo, que no deja de sorprendernos. Insultos, amenazas, incluso de muerte, y prácticas puramente totalitarias, mucho más propias de sátrapas en países subdesarrollados o «bananeros». Me refiero, concretamente, a las presiones que se están ejerciendo sobre el Poder Judicial, para que no haga su trabajo de vigilancia y tutela de todos los demás Poderes, los cuales, como es bien conocido, navegan sobre aguas completamente putrefactas.
FRAN AUDIJE
Madrid,España, 27 de julio 2024.
Los artículos de opinión son responsabilidad exclusiva de sus autores. @UnidadParlamentariaEuropa
Descubre más desde REVISTA UNIDAD PARLAMENTARIA
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
