Efrén Capiz: la praxis comunal



Eduardo Nava Hernández
UMSNH

Morelia, Michoacán, 9 de septiembre de 2024

Es, ante todo, una excelente iniciativa de la Secretaría de Educación en el Estado de Michoacán, a través del Instituto Michoacano de Ciencias de la Educación (Imced), haber organizado este relevante acto para conmemorar el centenario del nacimiento del gran luchador agrario y social, conocido como el “Defensor de los Indios”, Efrén Capiz Villegas. Espero ubicarme a la altura del homenaje, que nunca logrará agotar, sin embargo, la relevancia de quien fuera fundador de la Unión de Comuneros “Emiliano Zapata” y, junto con otros dirigentes campesinos del país, de la Coordinadora Nacional Plan de Ayala.



La lucha por la tierra, teoría y práctica

Referir a Efrén Capiz nos remite de inmediato a su papel como dirigente agrarista y de diversos pueblos indígenas. Las imágenes de las movilizaciones y encuentros de la UCEZ en Michoacán, la Ciudad de México y otros lugares del país se mantiene vivas en la memoria de muchos de quienes en ellos participaron o los atestiguaron. Su contribución a la formación de organizaciones nacionales como la Coordinadora Nacional Plan de Ayala y el Congreso Nacional Indígena resaltan también su figura en la lucha agraria y social del país. Igualmente, nos evoca su vehemente e intransigente defensa de los derechos de las comunidades y de los campesinos frente a los funcionarios de la Reforma Agraria, del gobierno estatal o de otras dependencias. No era menor su capacidad para el litigio en juzgados y tribunales; a diversos abogados he escuchado elogiar el manejo de los juicios de amparo por don Efrén.
Pero hay otros aspectos del liderazgo de Capiz que aquí quiero comentar, porque han sido menos conocidos. Hubo, además del abogado Defensor de los Indios, como se le conocía entre los propios implicados y los medios de difusión, un Capiz pensador político y social y educador de las masas, que siempre se preocupó no sólo por su propia formación, como lo muestra el hecho de haber sido estudiante de Derecho y luego de Filosofía en la Facultad de Altos Estudios, y un insaciable autodidacta, sino también por elevar los niveles de conciencia de los campesinos, su visión política y su capacidad para plantear y defender sus temas de preocupación. No por nada Amador Jiménez Alarcón tituló La formación de la conciencia en la Unión de Comuneros Emiliano Zapata al libro en el que compila una serie de documentos de la UCEZ y de su coordinador general.
En efecto, Efrén Capiz constantemente teorizaba y elaboraba una visión —que se puede discutir y, de hecho, ha estado en el debate de las izquierdas—  sobre la situación agraria del país; pero también sobre el Estado y las clases sociales, la estrategia y la táctica, e incluso sobre la situación internacional. La teorización de la lucha de clases y la lucha por la tierra conformó en la UCEZ una forma de praxis, en el sentido marxista; de un pensamiento que se combina con y se concreta en la práctica. Ese pensamiento lo construía, con toda claridad, con vistas a la lucha socialista desde una perspectiva sustentada en el marxismo; pero no un marxismo ortodoxamente obrerista, sino con influencias anarquistas y campesinistas. Crítico y reacio a los partidos políticos de las izquierdas existentes, no vacilaba, en cambio, en hablar de la lucha por el poder para la transformación social. Pero entendía la lucha por el poder de manera directa, por las masas de trabajadores y campesinos y no a través de grupos conformados como partidos, aunque éstos representaran una oposición política de izquierda.
En más de un sentido, se trata de un pensamiento original, que brota no sólo del estudio de autores clásicos sino de la experiencia propia, cotidiana, de la lucha por la tierra y la consolidación de la forma comunal de organización y trabajo, de acuerdo con las condiciones propias del campo mexicano y la idiosincrasia de los indígenas. No fue casual, así, que como coordinador general eligiera el término comuneros, y no “campesinos” para designar a la organización que formó y encabezó desde 1979. En su concepto, esa palabra contenía una visión social y filosófica que le daba a la agrupación un perfil propio con profundas raíces históricas pero vigente en la actualidad y con proyección a la sociedad futura.
La visión de Capiz sobre la comunidad se fundamentaba en la capacidad de autogobierno de ésta, y para dirigir su desarrollo económico, así como en la preservación de su cultura, tradiciones, prácticas religiosas y, en su caso, lengua vernácula. Pero para realizarla eran necesarias, al menos dos condiciones: la posesión de la tierra y la unión de clase con otras comunidades y campesinos en general. Y para obtener o mantener la tierra era necesario recurrir no solamente a la gestión jurídica, sino a acciones políticas que la reforzaran: la movilización para remover los obstáculos que el manejo de la ley por los ricos y los funcionarios ponen a la justicia a los campesinos.
Esa perspectiva comunal permitía enfrentar enemigos de distinto carácter: terratenientes, ganaderos y caciques, huerteros de aguacate y de otros frutos, y grandes empresas modernas posesionadas de tierras comunales y recursos naturales que pertenecían a las comunidades mismas.
En el aspecto legal, don Efrén usaba frecuentemente la figura que existía en el artículo 27 constitucional (eliminada desde la reforma de Carlos Salinas de Gortari en 1991) de las comunidades de hecho: aquellos núcleos de población que, sin contar con títulos primordiales (virreinales) para acreditar la propiedad sobre la tierra, guardan en su organización y en su posesión territorial el estado comunal. Esa figura le permitió a la UCEZ obtener en diversas ocasiones la restitución o el reconocimiento de la posesión para las comunidades.
Y en una entrevista que me concedió en 1987, Capiz declaró:
Nosotros hemos organizado muchas, recalcando, muchas comunidades de hecho. En todos aquellos casos donde los compañeros campesinos duraron diez, quince, veinte, cuarenta años en lucha por obtener tierras por las vías de dotación, ampliación o nuevos centros de población y no las tuvieron, en la Unión de Comuneros ya las tienen, y prácticamente de un año para otro se convierten en comuneros, y en comuneros con tierra. ¿Cómo? Pues desde luego organizando, constituyendo lo que se llama las comunidades de hecho, que es una coyuntura que afortunadamente todavía prevalece en la propia Constitución y que nosotros aprovechamos para lograr que los compañeros que no tienen tierra la tengan, aunque nos ataquen muy duro por ese aspecto.
En ese sentido, el ser indígena no era una situación étnica o de origen, sino social, correspondiente a la forma de posesión de la tierra y de organización. Agregaba Capiz:
en la Constitución y en la Ley de la Reforma Agraria no encontramos una respuesta a en qué consiste el estado comunal. Nosotros lo hacemos consistir, haciendo claro: ¿De quién son las tierras? De la comunidad. ¿Cómo se poseen las tierras, cómo se trabajan, cómo se distribuyen y defienden? En común. Por eso en los expedientes nosotros tratamos de demostrar el estado común de hecho; a través de eso nos defendemos. Claro, es muy fácil decir pero hacerlo es difícil y en la UCEZ estamos avanzando en eso.
En relación con la lucha por la tierra afirmaba que “al luchar por la propiedad comunal y en contra de la propiedad privada, de hecho, estamos luchando con las bases mismas del sistema capitalista. Así, en una mínima parte, estamos creando las condiciones necesarias para el cambio de la estructura social, cambiando las relaciones de producción”. En la entrevista antes citada, el coordinador general de la UCEZ me exponía:
Al luchar por la propiedad y posesión común de la tierra y de todos los demás recursos naturales —aguas, bosques, montes, minas—, esto va en contra de los cimientos mismos que sustentan el sistema capitalista, que es la propiedad privada sobre los medios de producción.
Se dice que la lucha por la tierra y lo que nosotros hacemos no es más que una lucha de carácter reivindicativo. Nosotros decimos que no es cierto. Nuestra lucha consideramos que es eminentemente política, porque trata de recuperar la tierra de que han sido despojadas las comunidades indígenas. Al perder la burguesía rural (ahora a lo mejor ya no se le puede llamar así, porque vive en las ciudades) la tierra en favor de las comunidades que luchan por ella, se le despoja de un medio de producción; con ello, en cierto sentido, pierde poder económico, y al perder poder económico pierde poder político, al menos en la región donde tenía la tierra.
Capiz hablaba, específicamente, de que las clases sociales no eran sólo la capitalista y la obrera: los campesinos, y específicamente los comuneros, constituían una clase que no podía asimilarse a los asalariados ni a los pequeños propietarios. Consideraba que, en el caso de México, había, entonces, una clase comunera, que, como se señala más arriba, posee y trabaja la tierra de manera colectiva.
Pero en la visión de la UCEZ se integraba también la atención a contextos más amplios, incluso los internacionales. En un documento aprobado por la plenaria del encuentro realizado por el 14º aniversario de la UCEZ, en octubre de 1993, se hacía un análisis de la situación del socialismo en el mundo después de la desarticulación del bloque oriental y la Unión Soviética. Consideraba el ponente que la caída de la URSS se debía a las equívocas y fallidas reformas aplicadas por Mijaíl Gorbachov —glaznost y perestroika— que acercaron a ese país a las posiciones del imperialismo occidental. Éste quedó como la cabeza de un mundo unipolar, mientras que la causa del socialismo se debilitó a escala mundial. No obstante, se consideraba que a pesar del colapso de la URSS, de la represión que sigue sufriendo el proletariado mundial y del esfuerzo imperialista por erradicar la lucha de los trabajadores, vemos que las perspectivas del movimiento obrero a nivel mundial son halagadoras, la crisis económica ha concentrado en tal medida el ingreso que el proletariado, empobrecido al máximo, empieza a estar en condiciones (subjetivas) de lanzarse a la lucha por la toma del poder, con la meta central de expropiar a la burguesía todos los medios de producción que ha acumulado […] y de dar a la misma burguesía su justo castigo por tantos delitos económicos, políticos, electorales, sociales y del orden común, cometidos contra el pueblo.
Si bien las predicciones sobre la lucha de los trabajadores en el mundo no se han cumplido, destacan en este tipo de declaraciones dos aspectos: la reafirmación de la lucha campesina y comunal como parte de un proyecto de transformación social de naturaleza anticapitalista, antiimperialista y socialista, y el esfuerzo por ubicarla en el contexto mundial de lucha de clases.


La lucha por la concientización

A lo largo de su desarrollo, la UCEZ fue adoptando diversos medios de concientización que buscaban siempre incidir en el nivel ideológico de sus propios miembros y simpatizantes y en la lucha social. En algunos casos, se trataba de fortalecer la producción agrícola de los campesinos o sus vías de distribución de productos. Eran también medios de difusión y comunicación con otros sectores de la sociedad a los que se quería hacer partícipes de sus causas.
Entre esos medios estaban: los encuentros, varios de ellos llamados “Tierra y Libertad”; las audiencias mensuales de la CNPA (Coordinadora Nacional Plan de Ayala) en la Secretaría de la Reforma Agraria en la capital del país —logradas por el propio coordinador general de la UCEZ en la marcha del 10 de abril de 1984— y su preparación; los festivales “Tierra y Libertad” en que se convertían los plantones frente al Palacio de Gobierno en Morelia; el boletín impreso La Comunidad, al cual se sumaba la colaboración de El Libertador de Oriente, editado en Zitácuaro por el periodista Francisco Vega, que también difundía las actividades y documentos de la UCEZ; y la Escuela de Comuneros Organizados (ECO) que se proponía como una posibilidad para la formación y elevación de la conciencia social de los participantes en la organización.

Los encuentros regionales, estatales y los de la CNPA a escala nacional fueron una forma natural de unidad del movimiento campesino e indígena. De dos de ellos surgió la UCEZ: el de Puruarán, municipio de Turicato en julio de 1979, y el de Tingambato en octubre del mismo año, en el cual se constituyó formalmente y adoptó su nombre la Unión de Comuneros Emiliano Zapata.
En lo subsiguiente esas reuniones se continuaron haciendo en diversas regiones y localidades, periódicamente en el aniversario de la organización, o ante situaciones particulares que requerían atención en alguna comunidad. En ellos los asistentes participaban, como en un congreso, en mesas de trabajo en las que se exponían y discutían los casos agrarios y de represión, y las propuestas de solución a cada situación en lo particular, y en plenarias en las que se tomaban acuerdos y se definían estrategias. La base de la dinámica general era la presentación de cada situación por los mismos protagonistas o afectados, lo que buscaba que éstos ordenaran y clarificaran sus exposiciones y éstas se discutieran colectivamente. Algunas de las ponencias presentadas tenían un carácter teórico-analítico sobre la revolución, la producción campesina y la situación política o social del país e internacional.
Los encuentros se acompañaban con expresiones culturales y se cerraban con marchas de todos los participantes. Por ejemplo, el encuentro nacional de la CNPA efectuado en la comunidad indígena de San Felipe de los Alzati en 1983 para apoyar a los comuneros presos, en que se hizo una enorme marcha hasta la cabecera municipal de Zitácuaro. Ahí, Capiz y algunos otros dirigentes entraron a la cárcel a visitar a los reos y hablar con ellos para manifestarles el apoyo de las organizaciones regionales del país.
En los encuentros se organizaban también talleres para la formación y capacitación de los comuneros, por ejemplo, de prensa y propaganda, de creación artística y de creación infantil.
Las audiencias, periódicas mensuales de la CNPA en la Secretaría de la Reforma Agraria en la ciudad de México, y constantes en la delegación la misma dependencia federal en Michoacán, en los tribunales agrarios y en otras oficinas, se tornaron en medios de formación para los campesinos. Previamente, el licenciado Capiz y otros dirigentes de la organización con más experiencia, preparaban a cada uno de ellos en la exposición de su caso ante las autoridades. Se trataba de que pudieran no sólo presentar la situación concreta de su comunidad, sino defender sus derechos y plantear la solución reclamada. Se auxiliaban de la Constitución, la Ley Federal de Reforma Agraria y demás preceptos legales aplicables. Hubo un avance importante en la formación de cuadros agraristas por esta práctica. Recuerdo, en particular, a los de El Platanal, Huerta de Gámbara, El Tepamal, Irancuataro (donde las dirigentes eran mujeres), Aquila, entre muchos otros.
Pero los medios de prensa convencionales no abrían sus páginas con frecuencia a la UCEZ, aunque tenían que informar de las movilizaciones y plantones que ésta realizaba en Morelia u otras ciudades. Pero de manera modesta y con pocos recursos, la organización decidió dotarse de un boletín propio, La Comunidad, del que se publicaron, sin periodicidad fija, por lo menos ocho números entre mediados de 1982 y 1984. En esta tarea, la colaboración del recientemente fallecido Óscar Maisterra Martínez, empresario y activista solidario con el movimiento, fue decisiva como patrocinador de la edición. Las ilustraciones eran con frecuencia obra del también ya fallecido Carlos Ramos Alva, artista plástico, activista y dirigente de la comunidad de Aquila, que luchaba en la costa michoacana contra la poderosa empresa siderúrgica Hylsa-Las Encinas por recuperar la mina de hierro ubicada en tierras comunales.
En La Comunidad se publicaban los problemas particulares enfrentados por los pueblos, los acuerdos de las asambleas mensuales, así como la reseña de las movilizaciones y encuentros efectuados por la organización, y notas sobre el movimiento campesino nacional. Pero también se incluyeron materiales de formación social y política. Por ejemplo, en el número 5 se publicó un amplio artículo de Armando Bartra titulado “Perspectivas del movimiento campesino”; en el número 6 un ensayo sobre “La sociedad capitalista” que presentaba de manera didáctica y sintética la lógica económica y de clases de ese sistema de producción y el lugar de los campesinos en él. En el número 8 del boletín se explicaban las reformas realizadas por el gobierno de Miguel de la Madrid a la Ley agraria, que Capiz definió como “antiagrarias, anticampesinas y anticomuneras”. También la exposición de las luchas mismas de las comunidades y de la organización buscaba ser didáctica. Y se reproducían poesías, como el extenso “Corrido de Emiliano Zapata”, de Ramón Martínez Ocaranza.
Finalmente, hay que mencionar la Escuela de Comuneros Organizados, también una iniciativa del licenciado Capiz, probablemente poco conocida al exterior de la organización. Fue un intento por elevar la conciencia de los comuneros sobre el origen y naturaleza de los problemas que ellos mismos enfrentaban y los de la sociedad mexicana y mundial, y por prepararlos para su defensa legal y política en las instancias judiciales y gubernamentales. También por mejorar la producción de la tierra.
En el número 5 de La Comunidad una breve nota se explicaba el porqué de la ECO:
Muchas veces por no pensar bien las cosas andamos sólo atacando las hojas y unas cuantas ramitas, cuando lo importante es sacar la mala hierba de raíz. Y nuestros males los atacaremos en la raíz misma cuando sepamos analizar bien nuestros problemas y nos preparemos cada vez más para resolverlos. Esa es la intención de nuestra escuela. Una escuela que nos sirva para atacar nuestros problemas, para cambiar nuestras comunidades en comunidades cada vez más unidas y más combativas. No es una escuela sólo para comprender lo que nos pasa sino una escuela para cambiar nuestra sociedad en sociedad más justa, más igualitaria, más democrática, donde nuestras comunidades tengan su palabra.
La ECO era un método de educación no formal, pero que trataba de cubrir aspectos que de ésta no habían recibido los comuneros, si es que habían tenido algunos años de escolaridad o si o la habían recibido. Fue Capiz quien pensó en ella como una necesidad al ver que, a veces durante horas, los campesinos esperaban afuera del local de la organización, fumando y conversando, mientras él hacía los oficios para cada trámite y para atender cada audiencia. Ese tiempo podía ser aprovechado para darles más elementos de defensa y de conciencia social.
No era una tarea fácil, por dos razones: la disparidad en los niveles de educación y formación política de los campesinos asistentes, y porque éstos sólo asistían a la Unión en Morelia durante uno o pocos días, mientras se tramitaban sus asuntos en las oficinas o juzgados.
Se pidió entonces el apoyo de la Escuela de Economía de la Universidad Michoacana, cuya Asamblea General Conjunta, movilizada contra la corrupción de su director, participaba en la fundación de la Coordinadora de Universitarios en Lucha —a la que, por cierto, fue Efrén Capiz quien le sugirió ese nombre—. La formación jurídica, que el propio Capiz no dejaba de dar a sus asesorados, se complementaba con la ideológica y política para ampliar la comprensión de los contextos y causas de los conflictos agrarios y sociales. Además, las clases de oratoria, que impartía por las tardes un sacerdote cuyo nombre lamento no recordar, eran muy apreciadas por los campesinos. A través de diez ejercicios consecutivos, ellos iban desarrollando capacidades, desde presentarse en púbico y vencer el temor a hablar hasta defender argumentadamente su caso en las audiencias.
Por otra parte, un pequeño pero entusiasta grupo de pasantes de agronomía provenientes de la Universidad Autónoma Metropolitana se sumaron a aportar conocimientos técnicos que contribuyeran a mejorar la productividad en las tierras recuperadas o conservadas, y a que los agricultores las valoraran de manera integral.
Aquí debo permitirme referir un poco mi propia experiencia como parte de la escuela de la UCEZ. Proveniente de un medio completamente urbano y sin experiencia alguna con luchadores campesinos (aunque sí la tenía con militantes obreros, a los que nada había que enseñar, sino aprender de ellos), encontrar un método para transmitir ideas sobre la lucha de clases, las clases sociales mismas, el sistema político y otros temas no resultaba algo expedito. Pronto se vio que la explicación académica del marxismo, como la que ya había practicado en mis tres años y medio de docencia en la UNAM, no servía. Había que encontrar otras formas de comunicación y otras vías para que asimilaran los trabajadores rurales ciertas nociones y conceptos.
Sólo poco a poco, con la práctica y el ensayo y error, y con el apoyo de algunos integrantes de la UCEZ más avanzados, como Ignacio Garnica Márquez, finalmente se lograron algunos objetivos, desarrollando una didáctica específica, participante y activa. Partíamos de que alguno de los asistentes expusiera el caso de conflicto que lo llevaba a estar en la UCEZ, sus experiencias pasadas con otras organizaciones y otras situaciones vividas. Se comentaba y analizaba en conjunto, y a partir de ese caso y esas experiencias se desplegaba, de lo particular a lo general, la comprensión de las clases sociales, la lucha de clases, el Estado, las organizaciones corporativas oficiales, el PRI, los cacicazgos, etc., y el reconocimiento de todo un sistema de explotación y dominación política a escala amplia.
Finalmente, Capiz y otros dirigentes de la organización reconocieron que la ECO sí estaba haciendo una aportación a la toma de conciencia y a la eficiencia de la lucha colectiva.


Gracias a todos por su atención y a los organizadores por su atenta invitación. Recordar la vida, las luchas y el legado de Efrén Capiz Villegas en nuestros tiempos, en este centenario y a 19 años de su lamentable fallecimiento, es un gran acierto y casi una necesidad. Ahora que gran parte de los izquierdistas antes críticos e independientes se han integrado, en el mejor de los casos como ala izquierda de un sistema que muy poco difiere del que anteriormente conocimos; cuando el liderazgo providencial y el culto a la personalidad reemplazan el análisis crítico, y el discurso populista sustituye al de la lucha social, Efrén Capiz es una de las luces que aún pueden iluminar la senda de los explotados y oprimidos del campo y de la ciudad en pos de su verdadera emancipación.


Los artículos de opinión son responsabilidad exclusiva de sus autores. @UnidadParlamentariaEuropa


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