NI SIERVOS NI SIRVIENTES, SINO SERVIDORES

En este mundo necesitamos las personas ser empleadas para hacer algo positivo en favor de los demás, es lo más saludable que existe.

Formar parte de un equipo humano, que consigue logros y que hace aportaciones, es lo que debería dar sentido a la vida de las personas, o, al menos, de las personas honradas y equilibradas.

La conciencia de que eres útil, es decir, de que aportas algo al bien común, es una satisfacción que embellece el alma humana, y hasta se puede notar en la apariencia física.

En este sentido, deberíamos considerarnos todos servidores de la sociedad, sea cual fuere nuestro rango laboral o social. Las palabras «siervo» y «sirviente», creo que son más bien peyorativas, porque se han empleado normalmente para denotar esclavitud, o para quitarle dignidad a la actividad que se realiza. El servidor, en cambio, siempre es el que está dispuesto a hacer, a ser empleado, porque se le considera valioso para la tarea que sea.

El propio Maestro Jesucristo, nos enseña a «servir» como si fuéramos los últimos, aun siendo, incluso, los primeros en el escalafón, o precisamente por serlo.

Inculcar la idea de servicio y de ser servidores, es decir, de estar hechos para los demás, como indicaba el P. Pedro Arrupe sj, creo que debería ser el fin último de todo sistema educativo. Arrancar de la sociedad la idea de que se debe aspirar a ser un «señor», es decir, alguien que está por encima del bien y del mal, con capacidad para tiranizar a otros.

Ser siempre servidores, con toda la humildad y el respeto hacia los demás, y hacia uno mismo. Gente que haga aportes positivos, pero nunca gente que se sirva de los demás egoístamente y en perjuicio de todos.

FRAN AUDIJE

Madrid,España,16 de septiembre del 2024

Los artículos de opinión son responsabilidad exclusiva de sus autores. @UnidadParlamentariaEuropa


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