Tras la Guerra Civil española, de 1936 a 1939, la que yo denomino: «Guerra Incivil», España entera, tanto un bando como otro, sufrió un shock y una conmoción, yo diría que profundas y espectaculares, debido a la fuerte conciencia de injusticia social existente, particularmente en los Republicanos, aunque el bando Nacional notó el alivio del continuo acoso de las organizaciones obreras, en un riesgo bastante probable de que el Gobierno de la II República, confiscase propiedades y bienes de los que se considerasen pertenecientes a los nacionales, por lo general gente adinerada, o de buena posición social.
Tras la postguerra, la plenitud del régimen de Franco, y la Transición a la democracia, vivió España un periodo de conciencia reconciliatoria, y hubo cierta paz en los corazones ansiosos de venganza. No obstante, en el momento que los políticos notaron afianzada la democracia, comenzó de nuevo a resurgir el ideario revanchista, y ajusticiador, bajo un inquietante lema, como era: «Ni perdón, ni olvido».
Debemos añadir a dicho lema político, particularmente arraigado en la izquierda, que si no estamos dispuestos a perdonar y olvidar, por mucho que duela, nuestro amado país dejará de ser una promesa de futuro, y correrá un serio peligro de desaparecer, diluido en otra triste guerra fratricida.
Están comprobados los beneficios del perdón, y de dejar nuestra memoria sin pasado, no para borrarlo de la Historia, ni mucho menos, porque la Historia nos enseña, y da testimonio de nuestro paso por el mundo y por la vida; sino para tratar de conseguir hermanar al pueblo español de nuevo, aprovechando que la pretérita situación de injusticia social, ha pasado de largo, al menos estructuralmente, y dejó de tener sentido alguno el odio y el resentimiento, y mucho menos entre compatriotas, que, vuelvo a insistir, deberíamos comportarnos como hermanos, tendiéndonos la mano los unos a los otros.
España cobra futuro en el amor entre todos los españoles, y en el hacer borrón y cuenta nueva. Las actitudes vengativas, coartan libertades, son productoras de injusticias, y siembran el fantasma de la discordia, del malentendimiento, y, como consecuencia, podrían acarrear otra nueva e indeseable conflagración entre compatriotas.
Si España necesita una revolución, no será tanto política, como una revolución, al decir de la famosa cantante Cecilia: «de amor y de hombres honrados».
FRAN AUDIJE
Madrid, España, 22 de enero del 2025
Pintura: Duelo a garrotazos, de Francisco de Goya y Lucientes.
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