Según la mitología griega, el rey Midas convertía en oro todo lo que tocaba. Sin embargo, murió de hambre debido a dicha maldición, porque el oro no se puede comer, por mucho valor y aprecio que se le guarde a dicho mineral.
La cuestión de esta famosa leyenda mitológica, podría estar relacionada con una paradoja, que trata de darnos una lección:
-Primero, que el ser humano es mucho más profundo de lo que se puede visualizar del mismo. Ya nos lo dice el Evangelio cristiano: «No solo de pan vive el hombre».
-Segundo, que la política debería guardar un derrotero mucho más humano a la hora de gobernar. En tal sentido, la política cae continuamente en el error de tratar a los ciudadanos como cosas, números, o sirvientes, en un estilo ya demostrado, de escasa operatividad.
El peligro del personaje político que ocupa un cargo, es que se aisle de la cuidadanía, y pierda conciencia de cual es la razón de su trabajo, que no es otra que servir al pueblo, en la resolución de los verdaderos problemas sociales.
Cuando el político se aisla en su despacho, y en su Palacio, resulta que su mundo pasa a estar constituido por el dinero y el poder. Recursos, y la facultad para hacer lo que mejor le parezca con esa capacidad, olvidando que, el tesoro de las Arcas Públicas, pertenece al conjunto de la ciudadanía, porque lo aporta con su contribución en los Impuestos.
Por tanto, no cabe mayor maldición en un político, o en la clase política, en general, que el afianciamiento en la errónea idea, de que se debe gobernar para el pueblo, pero sin el pueblo. Es decir, hacer las cosas de la política, sin tener en cuenta el sentir de la gente a la que se administra.
De tal manera, iremos haciendo oro de esto y de lo otro, pero nada poseerá la utilidad popular que la gente demanda. La insatisfacción de la ciudadanía, ante la gestión política, suele traer malos resultados a los gobernantes, que se pueden encontrar con una revolución, sangrienta o no, y un largo etc de enfrentamientos con los que, un día, les eligieron como responsables de la comunidad.
No es cuestión de hacer grandes obras, sino de hacer aquello que se necesita en el momento concreto. Tampoco es cuestión de forzar transformaciones socio-políticas, sino de tomar bien el pulso a la ciudadanía, de modo que se consiga, ni más ni menos, que lo que ésta demanda realmente.
FRAN AUDIJE
Madrid, España, 14 de marzo del 2025
Fotografía Facebook.
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