TOROS

La fiesta de los Toros, en España, tiene algo en el ambiente de las Plazas, de los garitos taurinos, de los aficionados, e, incluso, desde las propias entrañas de esta, considerada Fiesta Nacional, como serían los corrales donde se confina el ganado, en las Plazas, o en las fincas donde se produce la cría del ganado bravo, acompañados de caballos, para vigilar y apacentar unos animales bravíos y nobles, al mismo tiempo.

Las propias gentes empleadas, más de cerca, en el tema del ganado bravo, ya sean criadores, ganaderos, toreros, cuadrillas, o los mismos aficionados, con su característica imagen de sur gitano, en las patillas alargadas, el sombrero cordobés, eventualmente el puro o la pipa tabaqueras, y un vestir con elegancia de traje y corbata, además de las mantillas, las peinetas, las faldas cortitas, exponiendo lindas piernas femeninas, y hasta escotes atrevidos, en ocasiones.

Ese algo, pues, trata la cultura del toreo, que va más allá de los bramidos del toro sufriente, torturado, de la sangre y de la arena. Quizás, también, trascienda el arte del torero, a la hora de enfrentarse a una bestia que sobrepasa los 500 Kg, poniendo a prueba su forma atlética, su habilidad para entenderse con el Toro, de consensuar con el animal su muerte, tras los castigos de la suerte de varas, de banderillas, de ser mareado y burlado, una vez y otra, al querer embestir el trapo rojo, tras del cual se esconde el aire, rara vez un traje de luces desafortunado, que pudiera ser zarandeado, hasta la sangre valiente, escapando a chorro de las arterias y venas.

La muerte es la del Toro, sobreviviendo su rival, con la espada mojada de sangre hirviente, los aplausos y pañuelos de espectadores entusiasmados, el triunfo de las orejas y el rabo, dictaminado por la autoridad que presida, entregado por los alguaciles. Si no fue bien, una vuelta al ruedo, baño de aplausos de las multitudes. Si no, silencio, humildad del torero, preparado para una nueva ocasión, más propicia, de mayor inspiración.

Los Toros, continúan siendo la Fiesta española más castiza y genuina, de raigambre en una España todavía rural y pueblina. Los Toros, congregan a los señoritos, y a las muchachas y mujeres, todavía en edad de merecer. La muchedumbre más apegada al Sol del atardecer, cuando el astro rey español comienza a preparar el ocaso y el despiece de los toros, ajusticiados por los matadores, sigue siendo pobre, pero bajo la dignidad del sombrero, es capaz del disfrute de la corrida, y del aplauso cuando el hombre se impone a la bestia, doblando a la penetración del estoque, hasta un corazón, el del Toro, donde cupieron amores y pasiones desenfrenadas, aún pasto del carácter español, e hispanoamericano.

Dicen que, en el Tango argentino, bailar y hacer el amor, son una misma tarea. En la Fiesta española de los Toros, las mujeres se preparan de impresión, ante la titánica pugna de las fuerzas viriles en la naturaleza. Los atardeceres taurinos primaverales, van repletos de abrazos y de besos, de la amada reconociendo la valentía gallarda, de esos machos ibéricos que briegan en las Plazas y en la vida, cual gladiadores de otros tiempos.

FRAN AUDIJE
Fotografía Facebook.
Madrid, España, 13 de abril del 2025
Los artículos de opinión
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