El origen de la devoción mariana a la Virgen de Guadalupe, proviene de la época de la Reconquista cristiana, sobre los territorios de la península ibérica, conquistados por diversos pueblos árabes, en lo que constituye toda la Edad Media que vivimos, en el hoy conocido como Reino de España.
Guadalupe es un nombre de origen arábigo, que significa: “Río oculto”, puesto que la figura de la Virgen, fue hallada en un río de la sierra cacereña de las Villuercas, enterrada en el suelo. Probablemente, al huir de la invasión árabe, los cristianos escondieron esta talla de la Virgen, con la intención de que no fuera usurpada o saqueada. Su descubrimiento fue providencial, ya que en seguida fue adoptada como un signo protector de las huestes cristianas, en su lucha contra los árabes. A esta poderosa imagen mariana, le atribuían los cristianos sus victorias, contribuyendo a la generación de un mito religioso, al unísono de la creencia en la protección del Apóstol Santiago, también mitificado. Ambos, pues, constituyeron el poder promotor cristiano, que llevó a las tropas, en volandas, hacia el triunfo, al modo de las figuras parentales del padre y de la madre.
La Virgen de Guadalupe, propiciaría el paso de una etapa de la humanidad, a otra, puesto que, desde su Monasterio, en plena sierra de las Villuercas, se financió una gran parte de la gesta descubridora del Nuevo Mundo, materializada por Cristóbal Colón, quien, en agradecimiento a la Virgen, y a los frailes jerónimos, que regentaban el Monasterio, custodio de Virgen tan milagrosa, se encomendaría a la misma, sin que fueran infructuosas sus oraciones, puesto que logró tocar tierra americana, en lo que significó el paso de la Edad Media, a la Edad Moderna, cuyos inicios fueron conocidos como “Renacimiento”, no en vano, el descubrimiento de este nuevo Continente, fue un renacer en las esperanzas de los europeos, muchos de los cuales encontrarían en América una dimensión nueva para sus vidas.
No es de extrañar, pues, que los primeros cristianos de América, también conocido como el “Continente de la esperanza”, fueran llevados por el propio Colón, a ser bautizados al pie del Monasterio cacereño guadalupano, en una fuente histórica, que todavía fluye agua.
La aparición de la Virgen al indígena, Juan Diego, en lo que hoy es México, resulta la continuación en el hilo conductor del poderoso patrocinio de Guadalupe, al descubrimiento, conquista, evangelización, y españolización de América, puesto que, en alas de la fuerte devoción que la Virgen de Guadalupe prendía en los españoles, se consideró que esta aparición mariana, fue la de la propia Virgen cacereña, trasladada a los nuevos territorios descubiertos, en cuyo nombre se erige otro Monasterio con idéntico nombre, ya que va a custodiar a la patrona guadalupana de las américas, a quien no deja de atribuirse la fortuna de haber descubierto América, en un principio para una sola nación, España, desde donde se desgranó la historia que va a contribuir tanto al devenir de toda la humanidad.
FRAN AUDIJE
Fotografía Facebook.
Madrid, España, 26 de junio del 2025
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