Conchello, aniversario luctuoso


Por: Atilio Alberto Peralta Merino

Ciudad de Puebla, Puebla, 3 de agosto del 2025


El martes 4 de agosto de 1998 un muy cuestionable accidente carretero segó la vida del senador José Ángel Conchello, de quién, siendo un mozalbete y, desempeñándome como su asistente, aprendí un sinnúmero de secretos en el desempeño del difícil arte de interpretar y esclarecer del desenvolvimiento de los aconteceres públicos; en este espacio, en consecuencia: “No He venido a glorificarlo”, como dice Marco Antonio en memoria de César en el drama de Shakespeare, pero sí “ a canta a sus glorias en cuanto las merecía” , según dijera previamente Cayo Bruto.

Hoy que un buen amigo ha tenido la enorme gentileza de hacerme llegar la sentencia dictada en la Causa Penal 81/2024 (antes 100/2010), concerniente al caso de Israel Vallarta, viene a colación una y la principal de ellas, acudir siempre, en la medida de lo posible, a las fuentes originarias de un asunto o , en su defecto, a las más cercanas a ellas.

Abordar un tópico a partir de lo que de éste digas los “periódicos” sin conocer a los personajes, sus escritos, la materia, los pormenores forenses del caso o los lugares involucrados; es, en realidad, abordar un asunto con total desconocimiento, más aún en los días que corren en los que, los “periódicos”, han sido sustituidos por la información digitalizada carente la más de las veces, de la más elemental profundidad que aquellos, con todos sus bemoles , se esforzaban, en aparentar al menos , podría muy bien decirse.

La disciplina y metodología de indagar en fuentes primarias ha permitido que, a veintiocho años de su ausencia Conchello siga siendo referente en debates abiertos por él y cuyas implicaciones siguen teniendo importante secuela en los días que corren.

Vivimos hoy la debacle del Tratado de Comercio Libre ( en castellano se escribe primero el sustantivo y después el calificativo) y de su sucedáneo, también la del sistema de ahorro personal para las jubilaciones y pensiones entronizado en 1997, un año antes de su deceso; y ni que decir de los límites transfronterizos marítimos y de los yacimientos petrolíferos que albergan respecto a los que, siguiendo los derroteros esbozados por Conchello , advertí en el año 2006, según reconoció generosamente el escritor Oriol Molló ( https://gobiernolegitimobj.blogspot.com/2012/02/del-popote-al-despojo-manual-para.html?m=1 ).

En relación con el último de los asuntos referidos, resulta inconmensurable la preminencia de su voz al denunciar la desaparición de la Isla Bermeja, respecto del cual, recibí en el pasado reciente la invitación del cineasta catalán, residente en Dinamarca Iván R. Cuevas, a participar en un documental sobre tan trágico episodio, ha producirse por el muy solvente Instituto Danés de Cinematografía.

Otra de las grandes enseñanzas que recibí de mozalbete fue la de nunca desvincular o dejar de lado la profundidad conceptual en relación con los eventos de impacto inmediato en la opinión, y al respecto quisiera recordar un obsequio consistente en la antología de los grandes pensadores católicos del siglo veinte, entre cuyas colaboraciones destaca la del pensador y escritor indio-catalán Raymundo Panikard , de quién muy pocas personas hacen referencia; recuerdo tan sólo un dialogo transmitido por la televisión con Octavio Paz y, asimismo, una muy interesante referencia al respecto de su vida y obra que encontré recientemente en el muro de Enrique Gallud Jardiel

Conchello conjuntaba un refinamiento cultural de tal talante, al unísono de que se encontraba siempre pendiente y al tanto del acontecer cotidiano, guardando siempre un difícil equilibrio entre ambos extremos, recuerdo cuando a principios del año 86 sentado en una curul de San Lázaro repentinamente me comentó : “ están dadas las condiciones para que en la Universidad Nacional surja un movimiento estudiantil a semejanza del de 68”, reconozco que la incredulidad me embargó en el momento , así como el estupor al recibir la noticia en diciembre de ese año del surgimiento del CEU por el monitor televisivo de rigor, encontrándome en Minneapolis visitando a unos familiares.

No en balde , Gabriel Zaid y él , fueron los únicos latinoamericanos, mexicanos ambos por demás, que formaron parte del selecto “Club de Roma” el que , al decir de Daniel Estulin, constituyó , junto con la persona de Ben Bradlee , director del “Washington Post”, el epicentro en el desenvolvimiento de los acontecimientos mundiales en las postrimerías del siglo veinte.
albertoperalta1963@gmail.com
Los artículos de opinión son responsabilidad exclusiva de sus autores. @UnidadParlamentariaEuropa


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