JUZGADOS ESPAÑOLES: INOPERANCIA Y SURREALISMO

El que suscribe este escrito, es una víctima de violaciones de los derechos humanos, desde hace más de 35 años, en España, un país donde nunca pasa nada, pero, en realidad, pasa de todo, en una impunidad e indefensión, que hay que vivirla para creerla.

A través de diferentes medios donde existen autoridades judiciales, como, por ejemplo, la inspección de la función pública, la Corte Penal Internacional y la ONG Amnistía Internacional, o los juzgados de instrucción de plaza de Castilla, en Madrid, llevo unos cuantos años interponiendo denuncias sobre este hecho de violaciones de mis derechos más fundamentales, sobre el que, además, he escrito un libro, que he publicado, y está en el mercado, narrando cómo empezó todo en mi adolescencia. Sin embargo, solo he conseguido que me envíen al psiquiatra, mientras los juzgados archivaban mis denuncias, “por falta de pruebas”.

Ya el colmo, fue el día de ayer, cuando me acerqué a los juzgados de plaza de Castilla, donde llevo interpuestas otra serie de denuncias, de las cuales, la de ayer, sábado, sobre las 9 de la mañana, es la tercera denuncia que interpongo de esta última serie.

Nada más llegar al Control de accesos, comunico a una de las dos vigilantes jurados que había en ese puesto, que deseaba interponer una denuncia judicial, a lo cual me pregunta esta vigilante, si era una denuncia nueva o era otra denuncia que iba a adjuntar a un proceso ya abierto. Le contesto que era una denuncia parte de un proceso, a lo que me contesta que, entonces, me iban a archivar la denuncia.

Al principio, sin poder dar crédito a lo que había escuchado de esta vigilante, que, en teoría, ni me conocía, ni sabía lo que iba a denunciar, pero es que, además, esta trabajadora no era ni juez ni magistrado, ni tenía función judicial alguna, más allá de tomar los datos de mi documento de identificación, y de verificar que no llevaba ningún objeto no permitido, como armas o similares, mi reacción fue dubitativa, y solo comenté con toda educación, pero algo enfadado, que los impuestos de los españoles no sirven para nada, en un país donde no funciona la Justicia, ni otras instituciones, como la enseñanza o la sanidad.

Paso este primer filtro del Control de seguridad, y me dicen en la secretaría del juzgado, donde se recogen las denuncias, que debo esperar, porque están empezando y encendiendo los ordenadores. Es la primera vez que me hacen esperar por esta razón, en una secretaría, la de los juzgados de guardia e instrucción, que, en teoría, está abierta las 24 horas del día.

Con toda la sencillez, paso a una sala habilitada para la espera, donde comienzan a entrar una serie de personas, que, por la conversación que mantienen, parece que se conocen todos, y que pertenecen al mundo de la judicatura o de la abogacía, pero que, entre sus comentarios relacionados con el mundo del Derecho, parecen estar muy preocupados también por la salud, y, en concreto, por los temas del Cáncer, acerca del cual conocen bastantes detalles, entre otros, de tipo quirúrgico.

Como el jaleo que hay en esta sala de espera, me incomoda bastante, decido salir al pasillo, y esperar allí. Después de un rato, me hacen pasar al interior de la secretaría de los juzgados de instrucción, donde me atienden dos personas, de las que desconozco sus cargos, pero que supongo ambas son competentes para recoger esta u otras denuncias que pudieran entrar allí.

De estas dos personas que me atienden para recoger mi denuncia, las dos mujeres, una de ellas es bastante rigurosa, y le saca pegas a todo. La otra, sin embargo, parece querer ayudarme e interceder por mí. Es esta otra trabajadora, la que le advierte a la que me recoge la denuncia, y que le saca pegas a todo, que no solo debe sellar la copia de mi denuncia, sino que también debe sellar la denuncia original que le acabo de entregar, cosa que, en un principio, no estaba haciendo.

La trabajadora diligente, y que intercede por mí, le dice a la otra que solo pone pegas, que se lleva mi denuncia a donde corresponde, a lo que aquella otra, responde que, de momento mi denuncia se va a quedar allí mismo, porque, según le dice, hay que adjuntarle una “diligencia”. Yo me quedo mirando, y añado que, por favor, no pierdan mi denuncia, porque “soy una pobre persona maltratada, y ya estoy bastante perjudicado”, a lo que ambas contestan con una sonrisa, que no me preocupe.

Como pueden comprobar, estimados lectores, no solo por este hecho del sábado pasado, sino por el bagaje de toda una vida destrozada por los abusos de poder, y por los años que llevo denunciando las violaciones gravísimas de los derechos más fundamentales de todos, como son los derechos humanos, en España no funciona la Justicia, pero no solo porque lo diga yo, o por el ejemplo que les he puesto, sino porque lo denuncian los propios trabajadores, desde hace múltiples años.

¡Cómo va a interesar que funcione la Justicia, en un país como España, donde la corrupción político-social, es escandalosa y generalizada!

FRAN AUDIJE

Los artículos de opinión son responsabilidad exclusiva de sus autores. @UnidadParlamentaria

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