Hagamos del 2026 un año de mayor racionalización de nuestros actos, de aquellos actos que afectan a los demás, que son los actos de mayor importancia que podríamos llevar a cabo.
Se trata de hacer el amor, y de no hacer la guerra, o, como decían los Beatles, en aquella memorable canción: “All you need is love” (Lo que necesitas es amor), en una receta universal a todos los males que nos puedan aquejar en la vida.
La felicidad de cualquier persona radica en el amor que es capaz de dar, que suele estar correspondido por una dosis equivalente de amor que se recibe. Dar amor y recibirlo, siempre es una ecuación que tiene por protagonistas a las personas, o a seres asimilables a los seres humanos, porque la creación, el mundo en el que vivimos, está tan lleno de amor, le otorga tanto sentido el amor, que hasta los animales más fieros e irracionales sienten amor por otros seres, o pueden llegar a sentirlo en determinadas condiciones.
Ser seres de amor, por tanto, seres que van dejando un reguero de obras buenas por donde caminan.
Una obra buena no tiene porqué ser algo de gran magnitud, a veces solo una sonrisa, o una palabra amable, o un pequeño favor, puede significar la salida del sol para la persona que recibe nuestra pequeña obra buena. Al final, las huellas que dejan esos pequeños detalles, constituyen una bola que se puede hacer enorme, que podría tener consecuencias positivas mucho mayores, tanto para nosotros, como para los demás.
Hacer el bien, dar amor, sin esperar nada a cambio, con la gratuidad de un corazón tierno.
Nunca ser calculador en cuanto a lo que damos, cuando sabemos que hacemos el bien, porque hacer el bien es una demostración de amor. Por tanto, dejar que el corazón nos lleve, sin mayores limitaciones.
Cuando ves a alguien tirado en el suelo, que sufre miserablemente, es buena señal que nos compadezcamos, pero existe otro estadio superior, como sería pasar a la acción, echando una mano, o, como hizo Santa Teresa de Calcuta, abalanzándonos con todo nuestro ser a curar las llagas del pobre indigente.
Desde luego, si está de nuestra mano ayudar o dar apoyo a otro que lo necesita, nunca dudemos en hacer aquello que está de nuestra parte. Hagámoslo, máxime si es un deber profesional, o simplemente ético.
Hace algunos años, estando en la playa, el mar se agitó de pronto, y unos niños que jugaban en el agua, en la punta de un espigón, trataron de salir del agua, para ponerse a salvo en las cercanas rocas del espigón. No eran capaces, debido a la repentina crecida de las olas, y la agitación del mar. Algunos hombres que vieron lo que ocurría, trataron de hacer algo desde el espigón, pero era inútil. De pronto, vimos entrar en el agua a una velocidad de vértigo al socorrista del puesto más cercano a la zona de esta incidencia. El muchacho, sin pensárselo dos veces, se lanzó como una exhalación a por los niños, a los que logró rescatar uno a uno, conduciéndolos al cercano espigón, donde los hombres que trataban de ayudarlos infructuosamente, se hicieron cargo de ellos. Finalmente, el muchacho, se agarró a una roca del espigón, y, ayudado por aquellos hombres, consiguió ponerse a salvo también, ante el aplauso de los conmovidos bañistas que presenciamos la escena.
Existen ocasiones en las que, hacer el amor, consiste en algo no siempre fácil, como es ser responsables. Ser responsable es llevar nuestro comportamiento por sendas que eviten hacer daño a otros. En la vida no vale todo, debemos ponernos límites. Uno de esos límites debería ser pensar en el bien del otro, o en evitar hacer daño. A veces es tan sencillo como mantenernos en nuestro puesto, o en nuestra posición, sin hacer esfuerzos por dañar, y simplemente cumplir con nuestro deber.
Hacer el mal o hacer daño, puede implicar, en la mayoría de las ocasiones, un esfuerzo mucho mayor que seguir comportamientos en consonancia con nuestros deberes. Ser responsable y cumplir con el deber, implica algo bueno necesariamente, pero puede significar un bien enorme para personas a las que afecte nuestra actuación.
FRAN AUDIJE
Fotografía Juan Luis Guedejo
Madrid, España, 1 de enero del 2026
Los artículos de opinión son responsabilidad exclusiva de sus autores. @UnidadParlamentaria
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