Por Mariana Escobedo
@__MarianaE__
Ciudad de México 8 de enero 2026
El presidente de Colombia, Gustavo Petro, ha dado un giro estratégico a su discurso internacional, no como muestra de sumisión, sino como señal de supervivencia política y voluntad de interlocución frente a una Casa Blanca que ha recrudecido su postura.
Tras la controversial operación militar de Estados Unidos que incluyó bombardeos en al menos 3 ciudades venezolanas donde fueron asesinadas unas cien personas, entre ellas más de 30 agentes de seguridad de Cuba y Venezuela, misma que derivó en la detención ilegal en Caracas del presidente Nicolás Maduro, ahora en Colombia las cosas han cambiado.
Petro se reseteó velozmente y asumió el papel de mediador pragmático entre tensiones crecientes en la región. En ese contexto, para sorpresa de todos, el mandatario sostuvo una llamada de aproximadamente una hora con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump.
Lo hizo para abordar dos temas medulares: la situación en Venezuela y la lucha contra el narcotráfico transnacional.
Fue justo en esa comunicación telefónica que Petro compartió con Trump datos concretos sobre las incautaciones de cocaína, argumentando que Colombia ha deportado a cientos de narcotraficantes hacia los tribunales estadounidenses y que su política de sustitución voluntaria de cultivos es más eficaz que las respuestas militaristas.
Lo más destacado es que denunció que el narcotráfico es transnacional y tiene acuerdos judiciales en EE.UU.
Su postura confronta la narrativa unilateral de Washington que privilegia el uso de la fuerza al calificar a sus homólogos como enemigos y “narcotraficantes” y al asumir que desde esos “narco-estados” los gobiernos de izquierda dañan y perjudican a la población estadounidense.
En 60 minutos dejó convencido a Trump al ofrecer su total “cooperación” en la lucha contra el trasiego de narcóticos y al sostener que los problemas se resuelven con estructuras judiciales, colaboración y diálogo multilateral.
En su cuenta de Twitter, el colombiano citó un tuit de un usuario registrado con el nombre de @JuanPoe, quien narra que el agente de la DEA, Chris Cascio, reveló que la “Junta del narcotráfico” de Don Lucho y Julio Lozano enviaron hasta un millón de kilos de la droga al país de las barras y las estrellas, tal como consta en el documental «Cocaine Trade Exposed: The Invisibles».
“De esto hablé con Trump. En la policía no había inteligencia sobre ellos. Son la Junta del Narcotráfico con alianzas de varias mafias del mundo. Viven en el extranjero, tenían acuerdos judiciales en EEUU. Han puesto a su servicio, el clan del golfo y a Iván Mordisco (…) La cocaína que llegaba al Apure venezolano salía en avión desde Bogotá. La cocaína que sale por Catatumbo la compran ellos y sus socios extranjeros mexicanos y albaneses. Controlan el tráfico hacia Ecuador y varios puertos. Llevan cocaína por submarinos y mercantes. Querían asesinarme por descubrirlos, murió asesinado el que quería asesinarme en Ecuador,” soltó.
Así que la conversación Trump-Petro fue clara y directa al sugerir que el gobierno de Colombia ya tiene la información que derriba la acusación que se le adjudicaba a Bogotá.
Resulta que Petro no es narco y que los verdaderos narcos tienen acuerdos judiciales con Estados Unidos.
Con ese AS bajo la manga se marcó un desplazamiento importante después de semanas de fuertes descalificaciones, entre ambas partes.
No podemos negar que la nueva estrategia de Petro resultó a su favor al colocarlo como un interlocutor válido que logró una reunión con el republicano en la Casa Blanca.
La estrategia de Petro es involucrar la mano invisible que mueve el tráfico de drogas en territorio estadounidense, postura que contrapone la narrativa Trumpista que justificó la intervención militar en Venezuela bajo el argumento de combatir el “narco-terrorismo”.
Queda en evidencia que la prioridad del Vecino del norte es controlar los energéticos como su mismo Ejecutivo lo asentó al momento de definir su incursión por el petróleo venezolano.
Mientras Petro ha dado prioridad el diálogo, Trump está alineando su enfoque hacia una Latinoamérica funcional a sus intereses geopolíticos y de seguridad, con una retórica agresiva y operativos militares que han provocado protestas masivas a nivel global.
Hoy, la diplomacia latinoamericana se encuentra en una encrucijada: por un lado, líderes como Gustavo Petro apuestan por la soberanía, el derecho internacional y la cooperación judicial como instrumentos para enfrentar problemas transnacionales.
Por otro lado, la administración Trump persigue una agenda que combina su “lucha antinarcóticos” con intereses geopolíticos más amplios, que algunos interpretan como una auténtica reconfiguración de influencia e injerencia hemisférica. Ello al margen de que Maduro sea un gobernante autoritario indefendible que dejó una larga lista de oprobios como la encarcelación de opositores.
El destino de esta ruta para Colombia, y para América Latina en su conjunto, dependerá de si ambos gobiernos pueden transformar la retórica beligerante en acuerdos respetuosos o si, por el contrario, las tensiones económicas y militares escalan dejando a los pueblos latinoamericanos a merced de decisiones extranjeras que se creían pretéritas.
Los artículos de opinión son responsabilidad exclusiva de sus autores. @UnidadParlamentariaEuropa
#unidadparlamentaria#upr#Mariana Escobedo
Descubre más desde REVISTA UNIDAD PARLAMENTARIA
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
