Como saben muchos lectores, que amablemente, y con paciencia probable, en ocasiones, siguen mis publicaciones, soy un escritor bastante honesto, a la hora de emitir opiniones. Digo lo que pienso, con cierta prudencia, pero con pocos pelos en la lengua. Experiencia semejante, te hace acreedor de simpatizantes, pero también de gente que te detesta. Lo que no había sospechado yo, en ningún momento, es la agresividad imperante en las calles de España, que me ha convertido en una víctima más de conatos de violencia, por parte de elementos cercanos o pertenecientes a la militancia de la izquierda, casi con total seguridad.
No me ha ocurrido en una ocasión, sino en varias y numerosas oportunidades, aunque, por ahora, parece que he tenido suerte, logrando eludir emboscadas, y sortear golpizas de estos energúmenos, que, incluso, merodean las proximidades de mi domicilio, y se hacen los encontradizos conmigo, en una suerte de acoso, del que he dado parte a las autoridades judiciales, también en el blanco de amenazas e improperios, por realizar su trabajo.
Recordemos que, los conocidos como “fachas”, en un pasado remoto, circunscrito a la época de la temprana Transición, mantenían grupos radicales que, de igual manera, practicaban la violencia, incluso abriendo fuego con armas, lo cual era un síntoma de la resistencia del decadente régimen Franquista, a su inevitable desaparición.
Las entonces víctimas de estos violentos, eminentemente los representantes o activistas de la izquierda española, que el presidente de la Transición, Adolfo Suárez, había legalizado, con el fin de acometer una democracia como era debido, es decir, con una pluralidad y diversidad en lo político, así como en la libertad de prensa y de manifestación, dando por terminada la marginación de nadie, y la inclusión de todos, en el proyecto de construcción de España, tildaron a los autores de estas agresiones, como “Fachas”, y como “la Derechona”.
Y qué pena tan terrible y lamentable, que hayamos desandado tanto terreno, desde los avances de aquel entonces, volviendo a las amenazas y a los conatos de agresión física, en las calles de este país difícil de entender, como es España.
Fueron, entonces, los de “la Derechona”, y son, ahora, los de “la Izquierdona”, unos radicales fascistas, otros radicales comunistas. Ambos practicando lo más lejano al sentido común de la democracia, como es tomarse la justicia por su mano, prescindiendo de la autoridad judicial, y arrogándose ellos la justicia y la posesión de la verdad, en un asalto demencial a la razón y al sistema legislativo, que sustituyen por la fuerza bruta, el palo, y, quien sabe si las armas de fuego, en un clima nada propicio al diálogo y al entendimiento, puesto que, desde el mismo momento que se alza la voz amenazadora, y se levanta la contundencia de un objeto contra alguien, hemos terminado con la paz, comenzando la guerra, de una o de otra manera.
España entra, de nuevo, en un clímax de beligerancia social y política, sin otra justificación que los desordenes en el Ejecutivo español, que tienen un nombre concreto: Pedro Sánchez Pérez-Castejón, el cual, por continuar en el poder de España, a pesar de lo recomendable, desde la deontología democrática, que es un adelanto de Elecciones Generales, en estos momentos, está haciendo de todo lo poco recomendable que existe, como es pactar con quien haga falta, otorgando la concesión que fuera necesaria para conseguirlo, sin importar el perjuicio a España, y solo teniendo en cuenta el miserable interés, de mantenerse en la presidencia del Gobierno a toda costa.
¿Estaremos volviendo a aquel caudillaje, del “Por la Gracia de Dios”, esta vez sin Gracia, y por la fuerza bruta y la jugada sucia, además del “Una, grande y libre”, mientras ocupamos los últimos puestos de la Unión Europea, y nos recortan derechos tan fundamentales, de momento, como la libertad de expresión?. Yo creo que sí.
Es más, esta violencia y esta agresividad, impropia de un país civilizado y de una democracia, no ha hecho más que empezar, porque pretende mantenerse en el poder a perpetuidad. Todavía no ha dado toda la cara, ni se ha desplegado toda la barbarie de la que es capaz, pero no ha de tardar, como se prevé por el desgraciado panorama.
FRAN AUDIJE
Madrid,España, 24 de enero del 2026
Los artículos de opinión son responsabilidad exclusiva de sus autores
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