Por: Atilio Alberto Peralta Merino
Ciudad de Puebla, Puebla, 9 de febrero del 2026
A escasos días de que fue cerrada con motivo del fin del año jubilar 2025, las lenguas de fuego amenazaron con consumir la Puerta del Perdón de la Catedral Angelopolitana , el pasado 24 de enero , el portón , que destinado a permanecer clausurado por el siguiente cuarto de siglo, estuvo a punto se sucumbir consumido por el fuego.
El episodio recuerda un párrafo por demás singular del gran clásico de Foustel de Coulanges : LA CIUDAD ANTIGUA, en el que al efecto se describe :
“Un día el templo de Vesta estuvo a punto de arder a consecuencia de un incendio de las casas contiguas, y Roma se alarmó porque sentía que todo su porvenir estaba en peligro. Pasado el peligro , el senado ordenó al cónsul que buscase al autor del incendio, y el cónsul acusó inmediatamente a varios habitantes de Capua, que a la sazón se encontraban en Roma. El cónsul no tenía ninguna prueba contra ellos, pero se hacía este razonamiento : “ Un incendio ha amenazado a nuestro hogar; este incendio, que debía aniquilar nuestra grandeza y paralizar nuestros destinos, sólo ha podido ser provocado por nuestros más crueles enemigos. Ahora bien, nuestros más encarnizados enemigos son los habitantes de Capua , esa ciudad aliada al presente con Aníbal, y que aspira a sustituirnos como capital de Italia”
Las primeras comunicaciones vertidas en relación al incendio que se presentó en la Catedral de Puebla a partir de las 2 y medio de aquella fría madrugada, señalaba que la autoría del siniestro en cuestión había sido provocada deliberadamente por dos sujetos, al día siguiente , 25 de enero , se detuvo a Daniel “N” como responsable de tan lamentable acontecimiento, y posteriormente, el día 28, el Coronel Féliz Pallares, a la sazón titular de la Secretaria de Seguridad Ciudadana del ayuntamiento anunció a la prensa que el único responsable del hecho en cuestión era el sujeto detenido.
La escuálida complexión de un sujeto consumido por el hambre, la indigencia y la ingesta de bencenos entre otras posible sustancias, contrastan con la constitución atlética que cabría esperar de un hombre capaz de saltas las altas rejas que circundan el atrio catedralicio , llevando consigo algún bidón de combustible del que nada se ha dicho, pero cuya obligada existencia se desprende del hecho mismo de que, muy difícilmente, las llamas hubiesen alcanzado las dimensiones que alcanzaron empleando tan sólo una cajetilla de fósforos.
El avanzado grado de drogadicción , que a simple vista se adivina en el detenido Daniel “N” , no parece, por lo demás, haber dañado sus facultades visuales, las mismas que resultan indispensables para conseguir un salto digno de justa olímpica en la garrocha a las dos y medio de la madrugada; circunstancias que remiten al eje de la trama de la cinta de Orson Welles, filmada bajo el libreto escrito por Graham Greene, por la que atraviesa una interrogante clave : “¿ quién es el tercer hombre?”.
El incendio en cuestión que se da a un siglo del inicio de la “Guerra Cristera” detonada a partir de una explosión en la Basílica de Guadalupe, y reconoce como similar antecedente el incendio del Altar del Perdón de la Catedral Metropolitana de la Ciudad de México acaecido también en un mes de enero, el día 17 del año de 1967 y que se produjo por un cortocircuito en las conexiones del suministro eléctrico; también coincide, digno es de resaltarse , con la designación del actual titular de la Secretaría de Cultura de la localidad.
Al día siguiente del “impío” incendio, Monseñor Víctor Espinosa convoca a la feligresía a reunirse en la Catedral Angelopolitana , la ocasión anterior en que se llevó a cabo un acto de desagravio por parte del gobierno diocesano fue en 1665.
Antonio Ramírez de Arellano y el destituido alcalde mayor de la Angelópolis, Pedro de Ordaz,- acaso descendiente del encomendero Diego del mismo apellido- , por verse descubierto en sus pertinaz práctica judaizante, fueron al unísono quemados, en presencia viva el alcalde y en efigie Ramírez de Arellano , en la muy noble y muy leal Ciudad de México, a la que fueron trasladados.
Mariano Fernández de Echeverría y Veytia, refiera que por las fechas por los que la inquisición relajó al brazo secular a Pedro de Ordaz para ser “quemado en llamas vivas de fuego”, existía una ermita adscrita a la parroquia de San Sebastián en el Cerro de San Juan que en alguna ocasión fue vandalizada sin que mediara al respecto la sustracción de ninguno de sus valiosos ornamentos y reliquias, a diferencia de lo que suele acontecer con las vandalizaciones actuales.
El Obispo mismo, refiere Echeverría y Veytia, encabezó descalzo una peregrinación desde el templo erigido a San Sebastián y hasta el cerro, en claro desagravio a lo que se consideró un acto sacrílego a cargo de herejes, siendo de aclarase que, si bien Marcelino Menéndez y Pelayo da cuenta en su “Historia de los Heterodoxos Españoles” de la presencia de Albigenses y de seguidores de Lutero en la Ciudad de México, difícilmente aquellos habrían extendido su presencia a Puebla.
El barroco tardío del siglo XVIII , propio de la Sierra Gorda de Querétaro reconoce muestras significativas en el territorio de Puebla en donde resultan por demás peculiares, tal es el caso de a Parroquia de San Miguel en Izúcar, y ni que decir de la Capilla de los Pozos ubicada en la 13 poniente número 113, la que sufriera el artero robo de sus reliquias el 28 de mayo del año pasado , según denunciara una agrupación de abogados católicos en la ocasión sin que, hasta donde se sabe hubiese habido hasta el momento avance alguno en la investigación concerniente al caso; robo del que no responde David “N” como acontece respecto del incendio del pasado 27 de enero, y respecto del cual, no se suscitó una peregrinación obispal como sucedió en relación a la vandalización de la capilla del Cerro de San Juan en 1665.
El paso 4 de febrero Falleció Sergio Vergara Berdejo, renombrado predecesor en el cargo concerniente a la gestión cultural, equivalente al encargado aliado que invita a Holy Martin , caracterizado por Joseph Cotten a impartir una conferencia en Viena sobre la “Novela Contemporánea” en su carácter de hombre que cree firmemente que la verdadera cultura reside en la “historieta”, así como de autor de novelas de aventuras del oeste como “El Jinete Solitario en el Valle de Santa Fe”, cuya trama versa sobre un hombre que engrandece el nombre de un allegado pese a ser señalado por los partidarios de éste que lo ejecutan como un delator .
A la muerte de Sergio Vergara Berdejo, a once escasos días del incendio en la Catedral y a siete de que el jefe de la policía de la ciudad anunciara que tal incendio no fue provocado por dos hombres sino tan sólo por el detenido, caben innumerables cuestionamientos: ¿ cual es la causa por la que a lo largo de 32 años, nunca nadie inquirió sobre su relación con su hermano Jorge presente en Lomas Taurinas el 23 de marzo de 1994 como jefe de grupo de la Policía Federal de Caminos en aquellos días adscrita a la Secretaría de comunicaciones cuyo titular era Emilio Gamboa Patrón y en la que se desempeñaba como camarógrafa Marcela Bondestat allegada al consejero presidencial José Córdova Montoya?.
Desde el involucramiento del entonces director jurídico de Bellas Artes en 1986 Eduardo de Ibarrola Nicolín con el abogado Enrique Fuentes León, que le permitió a éste último adueñarse de la pinacoteca particular de la novelista , bailarina y coreógrafa Nellie Campoblello y el misterio posterior de su desaparición y muerte, la gestión cultural ha dejado de ser un espacio para damas ociosas y jovencitos afeminados para tornarse en espacio de la más sórdida delincuencia.
El finado Sergio Vergara Berdejo, provocó un daño enorme al acervo de la Biblioteca Palafoxiana al colocar “chips” de ropa sujetos una caducidad perentoria en incunables de un valor inestimable, e hizo pasar por túneles secretos a las antiguas alcantarillas de la ciudad emprendiendo diversas obras que afectaron los cimientos de un espacio de enorme valor histórico conocido con la designación de “ lavaderos de Almoloya”; curiosamente, en EL TERCER HOMBRE, Harry Lane, caracterizado por el propio Orson Welles escapaba, precisamente por las alcantarillas, cuando era perseguido por la policía que le buscaba para que respondiera por su actuación en el mercado negro, en la trama de la cinta, de penicilina adulterada y no de arte sacro.
Al unísono, el propio Vergara Berdejo denunció el faltante de 5981 piezas del acervo histórico de la entidad desempeñándose en el cargo, posteriormente adquirirían especial relevancia las declaraciones de los funcionarios locales del área concerniente a la cultura durante la administración local a cargo de Sergio Salomón Céspedes Peregrina, en las que, el entonces titular de la dependencia en cuestión , Enrique Glockner, hermano del actual titular de la dependencia , solicitó públicamente que se suspendieran los procedimientos de auditoria en marcha pese a que había sido denunciado un faltante de tal envergadura
Por su parte, la entonces encargada de los museos en el estado, Anel Nochebuena, declaró en primer término que de las piezas faltantes habían sido recuperadas en nueve por ciento de las mismas, para, posteriormente, declarar que no había tal faltante, sino que habían sido “mal catalogadas”, explicación que, por supuesto, muy difícilmente pudiera resultar satisfactoria para cualquier perito actuarial.
Alejandro Eliseo Montiel Bonillla publicó una alocución por demás significativa , señalando que no debíamos “responsabilizar al fuego” por lo acontecido en la Puerta del Perdón el pasado 27 de enero, el también otrora titular del área de cultura, prefirió en dicha alocución responsabilizar a la “indiferencia del mundo que es sordo y es mudo” , o algo por el estilo.
Al unísono de encararme con posterioridad al mensaje difundido por mi proverbial cobardía al usar sobrenombres, por demás ampliamente conocidos, -la cual por lo demás jamás he negado- , aun cuando acaso, eso sí, muchas incógnitas pudieran quedar esclarecidas, estableciéndose responsabilidades bastante menos metafísicas o simbólicas que las que pudieran referirse a las “llamas del fuego” o a la “ indiferencia del mundo” en relación a las organizaciones que medran con el trasiego de arte.
De especial relevancia sería para ello, el esclarecer la identidad, ya no digamos del “tercer hombre” , como en la cinta de Orson Welles, sino de la del “segundo hombre”, participante en el incendio del 27 de enero, con lo cual, caso, pudiéramos descubrir una realidad sorprendente llevándonos a experimentar el fenómeno llamado “anagnórisis” en la Poética de Aristóteles.
Escuchar una cítara con la música compuesta para cítara por Anton Karas para la banda sonora de EL TERCER HOMBRE, puede ayudarnos a “entrar en situación”, como dicen los conocedores de las ates escénicas.
albertoperalta1963@gmail.com
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