Sebastián Rodríguez.
Fotografía Facebook.
11 de febrero del 2026
Revista Unidad Parlamentaria:
Ante todo un saludo cordial. Les escribo por la inquietud que me generó la publicación de Federico Campbell en un artículo que lleva por título LA CUBA CHILANGA. Me gustaría aclarar algunas cosas. De tal suerte que respondo por esta vía al artículo que me parece es del 3 de febrero del presente año.
Gracias de antemano.
Resumen directo
La narrativa que presenta a todos los mencionados como activistas equivalentes y amigos cercanos de Reinaldo Arenas carece de sustento documental homogéneo. La evidencia histórica disponible indica que Nancy Cárdenas fue la figura central y articuladora del discurso político en defensa de los homosexuales perseguidos —incluidos los casos vinculados a Cuba— mientras que la participación de otros actores fue desigual, intermitente o políticamente ambigua. Asimismo, la postura de Carlos Monsiváis frente al régimen cubano fue compleja y tardíamente crítica, hecho ampliamente debatido en la esfera intelectual mexicana, particularmente en contraste con Octavio Paz.
Redacción argumentada y fundamentada
La reconstrucción rigurosa del Comité de Solidaridad con Lesbianas y Homosexuales Perseguidos en Cuba exige distinguir entre liderazgo estructural, presencia simbólica y participación ocasional. No todos los nombres asociados al comité desempeñaron el mismo papel ni asumieron el mismo nivel de compromiso sostenido.
En el caso de David Ramón, diversos testimonios del movimiento —incluido el de Juan Jacobo Hernández, figura histórica del activismo homosexual en México— señalan que su asistencia a reuniones del Frente de Liberación Homosexual fue limitada y no constituyó una participación orgánica ni prolongada. Si esta versión se confirma mediante fuentes convergentes, resulta historiográficamente impreciso equiparar su intervención episódica con la de quienes sostuvieron durante años la organización, la elaboración discursiva y el costo político de la lucha.
Respecto a la afirmación de que todos los involucrados fueron amigos cercanos de Reinaldo Arenas, no existe evidencia pública concluyente que lo demuestre en cada caso. La amistad, como categoría histórica, requiere correspondencia, testimonios directos o referencias explícitas del propio Arenas. En ausencia de tales pruebas, lo más sólido es hablar de coincidencias políticas o actos de solidaridad cultural, no de vínculos personales profundos.
En cuanto a Carlos Monsiváis, su relación con la Revolución Cubana está ampliamente documentada como ambivalente durante un periodo significativo. Durante los años setenta y parte de los ochenta mantuvo una postura crítica matizada, sin romper frontalmente con el proyecto socialista cubano. Las discusiones públicas con Octavio Paz evidencian esa diferencia: Paz adoptó una crítica temprana y categórica del castrismo, mientras que Monsiváis sostuvo durante más tiempo una lectura menos confrontativa. Esta evolución ideológica es verificable en artículos, entrevistas y debates publicados. Por ello, presentar a Monsiváis como opositor consistente del régimen cubano desde el inicio no se ajusta a la documentación disponible.
En contraste, Nancy Cárdenas ocupa un lugar fundacional en el activismo homosexual mexicano. Fue quien articuló tempranamente un discurso político estructurado, quien asumió la exposición pública en medios masivos —incluida su histórica intervención televisiva en 1973— y quien diseñó una estrategia de defensa de derechos basada en argumentación jurídica, cultural y política. Su papel como eje intelectual y organizativo está ampliamente reconocido en estudios académicos sobre el movimiento LGBT en México. Minimizar su centralidad implica distorsionar el registro histórico.
Existen además señalamientos documentales y testimoniales que apuntan a tensiones internas dentro del campo intelectual respecto al liderazgo femenino en espacios dominados por figuras masculinas de alta visibilidad pública. Si se cuenta con pruebas documentales específicas —cartas, artículos, intervenciones públicas— que evidencien intentos de desplazamiento simbólico o apropiación del protagonismo, dichas fuentes deben analizarse críticamente y presentarse con precisión para sustentar esa tesis.
Por último, la idealización retrospectiva de ciertas figuras como activistas consistentes debe contrastarse con cronologías verificables de participación, textos publicados en el momento y posicionamientos políticos explícitos. La lucha por los derechos de las personas homosexuales en México fue un proceso prolongado, con costos personales y políticos significativos; equiparar presencias ocasionales con liderazgo sostenido diluye el peso histórico de quienes realmente construyeron el movimiento desde sus bases.
Implicación central
Una revisión seria del episodio debe apoyarse en hemerografía, archivos personales, correspondencia y testimonios cruzados. Solo así es posible separar mitificación, capital simbólico posterior y activismo efectivo documentado. La precisión histórica fortalece la memoria del movimiento y evita atribuciones desproporcionadas.
Los artículos de opinión son responsabilidad exclusiva de sus autores. @UnidadParlamentariaEuropa
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