Nunca he conocido a nadie perfecto, ni creo que nadie sea capaz de demostrar la perfección de persona alguna. Por eso, cuando encuentro personas o personajes, que odian la crítica, o que se ofenden ante posibles reproches que se les puedan hacer, pienso en lo estúpido que resulta tratar de aparentar una especie de sacralidad, o de santidad, que no es posible atribuir a ningún ser mortal.
Yendo más lejos, diría que una de las definiciones que retratan al ser humano, es la de carecer de perfección, o, dicho de diferente forma, la incapacidad de no cometer errores, y la de estar abocado a equivocarse.
Ni siquiera las instituciones humanas, ya fueran del Estado, o pertenecientes al sector privado, están exentas de cometer errores. De hecho, el Estado se endeuda continuamente, porque no es capaz de sacar el necesario rendimiento a sus recursos, y proyecta ejercicios de poder, más allá de sus posibilidades, y de lo que sería aconsejable. El sector privado, no para de registrar fracasos en múltiples negocios, fruto de malas gestiones, o de apreciaciones equivocadas sobre la evolución del mercado.
Ninguna religión de las más importantes, predica para seres perfectos, sino que suponen caminos de perfección, conforme a modelos ideales, lo cual presupone que los hombres, ninguno, al menos sobre la faz de la Tierra, están exentos de perfección alguna.
Lo único sagrado que existe en las filosofías orientales, de las más fidedignas en el mundo, es el ideal divino, o el objetivo alcanzado por los profetas o santos, que constituyeron el modelo de la religión en cuestión.
En el plano de la política, nunca he sido capaz de encontrar a nadie que se acerque de manera apreciable a lo que podríamos considerar perfecto, aunque no cabe duda de que han existido grandes políticos y estadistas, a lo largo y ancho de este mundo.
Pero debo advertir que existe una tentación política muy aguda, en relación con el abuso de poder, y la subestimación del pueblo, o de una parte de ese pueblo. Y es que, los políticos tienden a menospreciar a la gente sencilla que les rodea, es decir, a aquellos de los que ellos creen que no pueden sacar un rédito o aprovechamiento de algún tipo.
Cuando menosprecias a quien sea, una masa de personas, o persona determinada, corres el riesgo de ser mucho más vulnerable a los errores.
Sucede mucho a nivel militar. De hecho, bastantes batallas de la Historia, fueron desastrosas derrotas, motivadas por exceso de confianza en cierta superioridad. Y se pueden poner ejemplos a barullo. En el lado mexicano, tenemos la batalla de Puebla, por ejemplo, entre el Ejército mexicano, dirigido por el General Zaragoza, y el Ejército Francés, comandado por el General Latrille, conde de Lorencez. Cuenta Paco Ignacio Taibo II, que el Ejército Francés era muy superior al mexicano, pero esta teórica superioridad, se vio truncada por errores tácticos basados en la soberbia del General francés. Por el contrario, el General Zaragoza, aprovechó al máximo sus ventajas, y enardeció a sus hombres muy patrióticamente, con lo cual, dobló la operatividad de su Ejército, que logró imponerse, finalmente, al francés.
En España contamos con unos cuantos ejemplos, pero, quizás, uno de los más ilustrativos, fue la batalla librada entre la selección alemana de fútbol, y la española, durante la Copa de Europa de naciones, en Francia, el mes de junio de 1984. Recuerdo las declaraciones sin ningún respeto de los jugadores alemanes, los días previos a este partido de fútbol tan decisivo, en las que daban por seguro su victoria arrolladora. Comenzado el encuentro, la verdad es que el dominio alemán era abrumador, y Arconada se vio obligado a estirarse con bastante asiduidad, despejando goles cantados. Los palos de la portería española se aliaron con el portero, igualmente, porque el acoso alemán era continuo. Los alemanes se fueron cansando, y bajaron el ritmo, porque, de todas formas, el empate les servía para clasificarse a la siguiente ronda.
En uno de los lances del partido, cayó lesionado el defensa y líbero, Maceda, jugador clave para España, el cual, sin hacer caso al médico, y con una ostensible cojera, decidió continuar en el campo de juego, arriesgándose a quedar lesionado de por vida.
Cuando todo parecía llegar a su fin, de nuevo Alemania resucitó, y comenzó a acosar la portería de España con vigor y enorme peligrosidad. El árbitro auxiliar concedió tres minutos extra de juego, sobre los 90 minutos reglamentarios, cuando llegaron a su fin. En ese momento, España recuperó la pelota, e inició un contraataque a la desesperada, que los alemanes pararon cerca de su portería, mediante una falta. Dicha sanción a favor de la Selección Española fue lanzada por el experto en rematar de cabeza, Santillana, con tan buen tino, que la pelota pasó por encima de todos los jugadores, para encontrar la providencial cabeza del lesionado Maceda, en un remate espectacular a la puerta alemana, que el cancerbero no pudo atajar, llegando la pelota al fondo de las redes, y echando por tierra el orgullo de los alemanes, que no podían dar crédito a lo que estaba pasando.
España, con más pundonor, que buen juego, consiguió llegar a la final del Europeo de Francia, en cuyo decisivo partido, fue derrotada, cuando desplegaba por primera vez un juego verdaderamente de alto nivel. “Fútbol es fútbol”, diría el famoso entrenador galés, Jon Benjamin Toshack, cuando se le preguntaba por la sorpresa de otra derrota que parecía imposible.
FRAN AUDIJE
Fotografía Facebook: Arconada en un partido de la Selección Española de fútbol
Madrid, España, 13 de febrero del 2026
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