Creíamos que se había conseguido la reconciliación entre los españoles, después de la cruenta Guerra Civil de 1936-1939, una posguerra cruel hasta 1955, aproximadamente, y la dictadura del General Franco, tiranizando a la sociedad española, en un sentido, pero, en otro, trabajando en una revolución económico-política, que transformó la pirámide de ocupación laboral en España, consiguiendo un desarrollo suficiente para la creación de la sólida clase media, fundamento de todo país del llamado Imperio Occidental. Gracias a este éxito, se garantizaba la pacificación de España, debido a que se logró que campeara la justicia social, y, de paso, llegara la democracia a nuestro país, liderada por una clase de reformadores, muy bien escogidos por su competencia y capacidad de trabajo.
Creíamos, como he dicho, el logro de la salvación de España, que, de paso, accedía a la Unión Europea, a la OTAN, y ocupaba el puesto merecido por su calado como nación histórica, ejerciendo una influencia con pocos precedentes, desde la decadencia del Imperio español, allá por 1643, tras la derrota de Rocroi contra los franceses.
Esto creíamos, pero lo niegan los últimos acontecimientos, que no se han presentado de improviso, sino que llegan tras una ardua sucesión de sucesos lamentables, en los que los propios españoles nos hemos engañado, y hemos optado por la carencia de escrúpulos para la deshonra y la traición, que suponen todos los hechos de corrupción política y social, tan en boga desde que la democracia adquiría algo más de estabilidad, tras el periodo transitorio de 1975 a 1978, y otro más prologando, desde 1978, hasta la irrupción en el poder del PSOE, con el presidente Felipe González Márquez, que ocupó el puesto varias y sucesivas legislaturas, en mayoría absoluta, aplicando un rodillo de imposiciones sin negociación ni consenso, al tiempo que irrumpía el levantamiento de la veda para el saqueo de las instituciones, esto es, la institucionalización de la corrupción más pura y dura, que todos los Gobiernos sucesivos, asumieron tranquilamente.
Nuestra situación actual, con un presidente del Gobierno, que no mira por el bien de España, sin atender el clamor popular, ni los ruegos de muchos de sus compañeros de partido, y que solo calcula su propio beneficio, como es una obsesión preocupante por permanecer en el poder a toda costa, incluso haciendo trampa, o jugando sucio, no es casual ni producto de la mala suerte, sino un devenir natural de acontecimientos pasados, como hemos repasado en estas líneas.
Probablemente, la irrupción de Mohamed VI, en la política española, condicionando decisiones demasiado importantes para nuestro futuro, a través de Pedro Sánchez Pérez-Castejón, sea un peaje que estamos pagando por decisiones políticas obedientes a la corrupción y al error político.
Los nacionalistas vascos y catalanes, que odian España, siguen haciendo una labor destructiva de nuestra nación, porque no se desea atender a sus reivindicaciones, lo cual me parece de una antidemocracia, más que de un Estado moderno donde impere el raciocinio, la consulta a la ciudadanía, o el sentido común.
Debemos unir, igualmente, a estos factores, el de la mala suerte de varias crisis económicas muy fuertes, que nos han asolado en poco tiempo, con un acierto dispar, pero erróneo, en general, para plantear la protección de nuestro país, aquejado de un paro único entre las naciones desarrolladas, y de un montón de reformas necesarias, que la propia Unión Europea ha detectado, otorgándonos partidas económicas generosas para poder acometer dichos ajustes en las estructuras económicas, sociales, y políticas. Ajustes o reformas, que no se están llevando a cabo, esa es la realidad, sin dar muchas cuentas de los fines dedicados a todo ese dinero tan bien intencionado por parte de la Unión Europea.
El resultado es una España donde se han deteriorado las instituciones democráticas, hasta el punto de que no funcionan adecuadamente, mientras la economía sufre una precariedad patente en la microeconomía, con una apariencia falsa de buena salud en los aspectos macroeconómicos. Los radicalismos sociales y políticos se han disparado, porque está llegando la pobreza de nuevo a muchos hogares, y los falsos cantos de sirena de los gobernantes en el poder, consiguen dar esperanzas y engañar, a múltiples compatriotas, escarmentados por precedentes mentiras, y una corrupción cabalgante, de vergüenza en un país civilizado y desarrollado de Occidente.
FRAN AUDIJE
Madrid, España, 18 de febrero del 2026
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