Cada vez que se acerca la posibilidad de un cambio de Gobierno, bien por la cercanía de las Elecciones Generales, o bien por otras contingencias que aconsejan adelantos Electorales, o sucesiones de otro tipo contempladas por la ley, vengo observando que algunos españoles lo ven como una verdadera tragedia.
Debemos dejar claro que, en una democracia, los cambios de Gobierno, y las sucesiones de distintos partidos en el poder, debería ser de lo más natural, porque la democracia está precisamente para eso, es decir, para que los soberanos de la nación, como somos el conjunto de los ciudadanos, podamos manifestar nuestro parecer sobre los asuntos del país, en total y completa libertad, si es que nos diera por ahí, bien hablando o escribiendo, o bien a través de las Urnas Electorales.
Un pueblo o una ciudadanía callada y dócil, es de lo menos aconsejable en una democracia, porque el silencio y la indiferencia ante cualquier tipo de gestión mal lograda, o de abuso de poder, solo benefician a los incompetentes, y a los malvados que se instalan en la ilegalidad, con fines de expansión del crimen organizado.
Los ciudadanos debemos ser exigentes con nuestros representantes políticos, porque los pagamos todos nosotros, y el que paga es el que manda, según la regla del sentido común. Por ello se nos consulta cada fin de legislatura, si seguimos con los mismos, o si cambiamos de Gobierno.
Por otro lado, no solo es que paguemos entre todos los ciudadanos a los políticos que nos representan, sino que los pagamos porque somos los propietarios de este país, según lo dice nuestra Constitución de 1978, siendo en el derecho comparado, algo prácticamente habitual en cualquier democracia normal.
Debemos tener claro que estamos en una democracia, con imperio del Derecho y de la Ley, por tanto, todos estamos llamados al respeto del marco jurídico que nos rige como sociedad. Pero los representantes de los ciudadanos, los políticos agrupados en los diferentes partidos, no solo es que estén obligados como el resto a respetar las leyes y el Derecho, sino que ostentan una obligación de mayor rango para este respeto y acatamiento del ordenamiento jurídico.
Los hermanos mayores, siempre dan ejemplo a los más pequeños, y estos, los más pequeños, aprenden del ejemplo de sus mayores. Porque se supone que, dentro de una hipotética escala social, los políticos deberían actuar de hermanos mayores, puesto que se les presume una formación superior que sus conciudadanos, en cuanto a conocimientos legales, y del funcionamiento de la Administración Pública.
Tampoco nos deberíamos acostumbrar a que se indulte a los políticos cuando cometen alguna irresponsabilidad, y pudieran ser condenados por la Justicia, porque la impunidad en cualquier delito, es caldo de cultivo para la proliferación de delincuentes, y para que se le dé rienda suelta a la corrupción.
Lo mismo ocurre con las dimisiones políticas, que, en los últimos tiempos, no son nada habituales, a pesar de que sobrados motivos están teniendo ciertos cargos para dimitir. Cuando una gestión política no se lleva a cabo con eficacia, y provoca destrozos o alteraciones públicas, como escándalos y accidentes graves, nunca se debería consentir que no dimitiera el responsable último del desaguisado, sobre todo si es de una magnitud que provoca alarma social.
FRAN AUDIJE
Madrid, España, 21 de febrero del 2026
Los artículos de opinión son responsabilidad exclusiva de sus autores. @UnidadParlamentaria
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