Mario Ensástiga Santiago
Morelia, Michoacán, 23 febrero de 2026
Hoy domingo 22 de febrero desperté con la mala noticia del fallecimiento de Ángel Agustín, amigo desde la adolescencia, integrante y líder del grupo de música prehispánica “Tribu”, reconocido y respetado como investigador, interprete y promotor de las mejores tradiciones musicales y culturas de nuestros pueblos originarios; rescatista, compilador y fabricante de los más increíbles y extraordinarios instrumentos musicales de las comunidades indígenas de México.
Me asalto un gran sentimiento de tristeza y no dude en trasladarme a la CDMX para asistir a la sentida despedida que seguramente le haría la comunidad musical no comercial, especialmente por quienes valoran y cultivan la etnomusicología de nuestro país.
Desde la juventud se dio a la noble tarea de promover entre los chavos del barrio de la colonia Juventino Rosas de la Delegación política de Iztacalco del D.F., actividades deportivas y culturales, organizando excursiones, práctica del senderismo y alpinismo, su marcado gusto por escalar el Popocatépetl, así como aprender y enseñar a tocar un instrumento para interpretar algunas rolas del rock en inglés tan de boga en la década de los años sesenta.
Conocí a Ángel Agustín en 1964, cuando se integró la escolta de la bandera de alumnos más avanzados de los grupos de sexto año de primaria para rendir los honores cívicos a la bandera todos los lunes antes de entrar a clases en la entrañable escuela de “7 árboles” como se le conoce popularmente.
Nos hicimos amigos y gustábamos de ir con otras y otros compañeros estudiantes a la biblioteca del viejo centro histórico de Iztacalco, para hacer nuestras tareas y divertirnos en el camino entre aquellas la bellas chinampas y campos copiosamente cultivados de verduras y legumbres. Al salir de la primaria le perdí la pista por primera vez a Ángel Agustín por varios años.
Más tarde a finales de los 60´s y principios 70´s tras los fatídicos sucesos del 2 de octubre de 1968 y 10 de junio de 1971, fue surgiendo y madurando la formación del grupo “Tribu de La Paz” para interpretar música folklórica mexicana, latinoamericana y de protesta política.
En 1978 volví a tener contacto con Ángel Agustín quien junto con otros jóvenes de varias colonias y barrios del rumbo promovían diversas actividades político culturales a través del CEAPL (Centro Experimental de Arte Popular Latinoamericano), como una clara manifestación de la efervescencia y ascenso de la lucha social y popular de los 70’s.
Gracias la participación de un hermano menor en el CEAPL que organizaban todos los domingos por las tardes noches conciertos de música y en la instalaciones del Instituto Nacional de Protección a la Infancia (INPI) con la participación de artistas revolucionarios comprometidos con la lucha social y cultura popular, como Amparo Ochoa, Gabino Palomares, José de Molina, Judith Reyes, La Tribu de La Paz, el Salario Mínimo, Seguimos siendo lo mismo, el Llanero solitito y muchos otros artistas y grupos que asistían sin cobrar un sólo centavo, sólo a condición de facilitar el traslado y condiciones para actuar.
En esos años el CEAPL cobró importancia notable en la hoy CDMX y a nivel nacional entre todas aquellas organizaciones de masas populares y gremiales como el campamento 2 de octubre de Iztacalco, la CNPA, la CNTE, la CONAMUP, la COCEI de Oaxaca, partidos y organizaciones políticas de izquierda. Al enterarme de tan importante trabajo del CEAPL me incorporé a participar en la comisión de prensa y propaganda, me enteré que Ángel Agustín era dentista de la UNAM que daba consultas en un consultorio instalado en su casa a precios accesibles, estudiaba al mismo tiempo en la Escuela Nacional de Música y Arqueología en la ENAH (escuela Nacional de Antropología e Historia).
Con agrado recuerdo la gira que hicimos de quince días por varios estados del noreste de la República con el grupo de teatro “Los Zopilotes” del CLETA, para presentar en varias universidades públicas la visión crítica de “La visión de los vencidos” de Miguel León Portilla, obra musicalizada por la Tribu de La Paz, yo simplemente como acompañante y apoyo logístico.
A principio de los 80’s por segunda vez le volví a perder la pista a Ángel Agustín, debido a mi militancia en el movimiento urbano popular de la CDMX y mi traslado político en 1984 a Morelia, Michoacán a donde resido desde entonces y para siempre. Para esos tiempos el grupo decidió sólo llamarse “Tribu” y dedicado de tiempo completo a la etnomusicología.
A distancia a menudo me enteraba de sus constantes giras por el país y algunas al extranjero, la grabación de nuevos discos y sus periódicas presentaciones en el Museo Nacional de Antropología e Historia, en el Templo Mayor de la CDMX, en otros importantes teatros y centros culturales, actividades permanentemente exitosas. De vez en cuando nos comunicábamos por teléfono y en los últimos años por WhatsApp; tuve la oportunidad de asistir al 40 aniversario de la Tribu en el Teatro Esperanza Iris de la CDMX, concierto acompañado por grupos de la música popular de izquierda mexicana y latinoamericana; ahí en ese concierto me comprobé la enorme calidad profesional que la Tribu había alcanzado, como el mejor grupo de su género a nivel nacional.
Otro gran recuerdo que tengo con Ángel Agustín es del año 2009, siendo yo Vocal Ejecutivo del Centro Estatal para el Desarrollo Municipal (CEDEMUN) del gobierno del Estado de Michoacán, tuve la oportunidad y condiciones para invitar a la Tribu a Morelia para tocar en la inauguración del proyecto la “Una nueva estrategia de gobernanza local. La Intermunicipalidad en América Latina” proyecto financiado por la Unión Europea en el que participaron siete experiencias de intermunicipalidades, cinco de países de América Latina y dos de Europa. El Toquín fue en el bello edificio de la Casa de las Artesanías en el que pudimos deleitarnos de la extraordinaria calidad musical, auditiva y visual de la Tribu, los visitantes europeos, latinoamericanos y de México quedaron a decir la verdad fascinados y enamorados de la música indígena de los pueblos de nuestro México.
Haces unos cuantos meses visité a Ángel Agustín en la CDMX, platicamos y aunque ya sabía que estaba sometido a un fuerte tratamiento contra el cáncer, si temí por el desdelave fatal de tan criminal enfermedad, platicamos un buen rato y le adquirí un hemos libro de investigación que hicieron sobre sobre el Temazcal Mexica, nos despedimos afectuosamente como siempre y nos deseamos lo mejor, esa vez fue la última vez que platiqué con él.
En fin, así es la vida, este fin de semana tuve la oportunidad de asistir a su velorio a darle ante su féretro unas palabras de despedid, llegaron como era de esperarse artistas y gente del mundo de las culturas populares, comprometidas con las mejores causas culturales del pueblo antiguo y profundo de México. Ahora de regreso a mi querida Morelia reflexiones en el camino de 4 horas que durante los dos o tres últimos años se han ido amigas, amigos, compañeras, compañeros, conocidos y conocidas de mi generación, ello a veces me entristece y me da porque no decirlo cierto, simplemente porque quisiera vivir muchos más años-no sé cuántos-para seguir echando desmadre en ésta vida y seguir luchando contra los que joden al pueblo, contra el imperialismo y fascismo de Trump, la vida a pesar de los pesares es hermosa a la vez que cruel en ciertos momentos. Ahora irremediablemente por tercera vez le perderé la pista, en esta ocasión para siempre, no así en la memoria, ¡Hasta siempre estimado amigo Ángel Agustín!
Los artículos de opinión son responsabilidad exclusiva de sus autores. @UnidadParlamentariaEuropa
#unidadparlamentaria #upr#PanoramaNacional
Descubre más desde REVISTA UNIDAD PARLAMENTARIA
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
