La “zona roja” del volcán (I): no a su declaración como espacio natural protegido

FRANCISCO RODRÍGUEZ PULIDO, profesor de Física y Química jubilado y presidente de la Asociación Tierra Bonita .

Fotografías de las primeras horas y días de la erupción, donde se puede apreciar la catidad de viviendas y propiedades privadas que había en la zona que sepultó la lava del Tajogaite.

La Palma,Tenerife, 26 de febrero del 2026
Con esta opinión quiero abrir una serie de artículos donde argumento mi rechazo a la pretensión de delimitar las zonas cautelares del volcán, la llamada zona roja, como espacio protegido. Sé que es una reflexión compleja pero necesaria. Por ello, deseo aportar mi visión personal, para su valoración y el debate. Una reflexión con la que pretendo romper un paradigma sobre la conservación y los espacios naturales, que se quiere aplicar a una catástrofe natural y humanitaria, como ha sido este volcán de La Palma.
El Decreto-ley 9/2023 de medidas en materia territorial y urbanística para la recuperación económica y social de la isla de La Palma tras la erupción volcánica de Cumbre Vieja, ya definía una zona de las coladas y el cono, que pasó a denominar “zonas sujetas a medidas cautelares”. Zonas, donde “por la posible concurrencia de valores geomorfológicos no será posible la realización de actuaciones de recuperación hasta que mediante Orden de la Consejería competente en materia de espacios naturales protegidos se inicie el procedimiento de declaración de espacio natural protegido”.

Posteriormente, el Decreto-ley se convirtió en la Ley 2/2024, que recoge en un 95% el contenido del decreto-ley, el cual queda, evidentemente, derogado. Esta ley recoge exactamente en los mismos términos las alusiones a las zonas cautelares, y en los mapas que figuran como anexos estas zonas aparecen en color rojo. Es por ello que se denomina a estas zonas como la “zona roja”, cuya superficie no se especifica, pero que, en su parte sur, llega hasta la Montaña Cogote, desde el cono. También se incluyen las dos fajanas

La Consejería de Política Territorial del Gobierno canario, tras reunirse con el Cabildo de La Palma, ha dicho recientemente en una nota que a finales del mes de febrero saldrá a información pública “la delimitación del espacio natural protegido del cono y las fajanas del volcán Tajogaite”. Según la Consejería, 312 hectáreas serán protegidas.

Las personas afectadas, y en general, toda la población del Valle, volvemos a vivir un capítulo más del desprecio hacia el marco participativo y el absoluto silencio de la “no convocatoria” del Consejo Sectorial para la Reconstrucción. Indudablemente, al Gobierno Canario, con la complicidad del Cabildo y los ayuntamientos del Valle, no les interesa en absoluto la participación ciudadana.

El propio consejero de Política Territorial, Manuel Miranda, reconocía en su nota unas circunstancias innegables, y es que el suelo al que quieren aplicar el régimen de protección es privado, incluyendo esos elementos geomorfológicos llamados “tubos volcánicos”. Lo reconocen, pero nunca se han dirigido a sus propietarios, quienes viven con incertidumbre cuál será el futuro de sus propiedades, aunque ahora sean coladas y tubos.

El régimen de protección de las zonas cautelares va a condenar un suelo de coladas recientes a “dejarlo como el volcán ha decidido”. Es eso lo que llaman “protección de espacios naturales”. La recuperación en esas zonas será inviable. El Gobierno se pliega totalmente a los deseos de la ciencia geológica, el Instituto Geológico y Minero de España (IGME), cuyos informes ocultos nunca han sido presentados a la sociedad palmera.

La llamada reconstrucción post-volcán del Valle de Aridane está plagada de inconsciencia e hipocresías. La intervención ilegal y violenta en la fajana, que se incluirá dentro del régimen de la protección, no les preocupó en absoluto. La apertura de los viales va al ritmo de los intereses privados, más que públicos. Unos sí y otros no. El Ayuntamiento de El Paso ejecuta una nueva vía, sobre suelo rústico de protección especial, para unir la carretera de San Nicolás con la LP-2, una obra ilegal y especulativa.

En la decisión de la protección de la zona cautelar prima una visión del régimen de protección sesgada, obsoleta y ambigua, donde el criterio es simple: “esta zona no se toca”. Sin embargo, mi aportación al debate quiere poner en valor, para decidir qué hacemos con la “zona roja”, la relevancia que la antropología y la ecología humana nos dicen sobre qué debemos hacer con las nuevas coladas.

Desde mi punto de vista, nos enfrentamos a un conflicto de narrativas sobre el territorio: la geológica (que ve un laboratorio natural, una «maravilla» litosférica) contra la antropológica (que pone en valor las vivencias, los recuerdos, el impacto social y la pérdida de hábitat. Pongamos como ejemplo la iglesia de Todoque. Para un geólogo, la iglesia caída es un dato de la viscosidad y potencia de la colada; para los vecinos de Todoque, principalmente, es la caída de su centro social y espiritual.

La naturaleza sobre la que vivimos no se ha creado espontáneamente. Pensemos en nuestros pinares, en la Caldera de Taburiente, los bosques de laurisilva, en toda la dorsal de Cumbre Vieja… Después de siglos y milenios, esta naturaleza la hemos heredado, y hemos decidido protegerla. Pero el nuevo y aún joven malpaís se ha formado en 85 días, arrasando terrenos ya antropizados. Y, sin embargo, queremos protegerlo.

Asistimos al mito de la «naturaleza virgen» vs. el “paisaje antropizado”. ¿Debemos mantener virgen el cono y el nuevo manto de coladas basáltica junto a los tubos volcánicos? Mi respuesta es rotundamente, no. Tal vez, sólo el cono. El error fundamental de una protección estricta (del tipo Parque Nacional o Paisaje Natural de Cumbre Vieja) es tratar el campo de coladas del Tajogaite como si fuera un paisaje natural prístino. No, el campo de coladas del Tajogaite no es un paisaje natural prístino. Para el que no lo entienda, un paisaje prístino es un paisaje que está en su estado original puro y sin alteraciones. La mirada humana es importante, y, junto a ello, la memoria de quienes habitaron bajo esos campos de colada.

El campo de lava no es tierra virgen, es un palimpsesto. Debajo de la roca basáltica negra yace una capa densa de cultura humana: huertas y granjas que cuidaban personas, viviendas habitadas y vividas, los cimientos de las casas de El Paraíso o Alcalá, Los Campitos, y los patios donde jugaban niños y niñas.

Esos campos de colada no es suelo nuevo. Proteger la colada como «suelo natural» es una segunda invisibilización. El volcán ya invisibilizó físicamente la vida de cientos de personas; si la Administración protege la colada prohibiendo cualquier uso o recuperación, está invisibilizando la memoria y el derecho de propiedad de esas personas. Convierte una tragedia humana en un «museo» para turistas y científicos.

Sé que el debate que planteo caerá en la ignorancia y la arrogancia de los poderes públicos, obsesionados con una forma de gobernar desde arriba, por decreto y real-decreto. Desde mi planteamiento, decir no a la protección de la “zona roja” es poner en valor la “solastalgia y el duelo del paisaje”- En ecología humana se habla de solastalgia, que es la angustia que produce el cambio medioambiental en la gente que vive pegada a la tierra. Al habitante de El Paraíso, Alcalá, Los Campitos y tantos otros caminos, no se les ha quemado «una casa»; se le ha borrado su lugar en el mundo. Estos lugares no eran solo coordenadas GPS, eran redes de parentesco, identidad, arraigo y vecindad.

La protección que se pretende, el dejarlo “intocable” corre el peligro de convertirse en una patrimonialización científica: Si los geólogos y la administración imponen una protección integral por el valor de los tubos lávicos o las coladas, están diciendo implícitamente que la curiosidad científica vale más que el duelo social. Personalmente, para mí esta perspectiva no hace sino dar crédito a una gestión científica del volcán, que desde aquel día en que se activó el Plan de Protección Civil y Atención en Emergencias Volcánicas de Canarias (PEVOLCA), ha vivido ajena a los valores de la geoética.

En posteriores artículos seguiré profundizando, más allá de los motivos del no a la protección como espacio natural, en qué alternativas se podrían plantear con relación al nuevo campo de coladas. Para ello haré un recorrido por nuestra historia de vida sobre volcanes y sobre cómo entienden en otros lugares del mundo el valor que deben tener las nuevas coladas. Solo un anticipo: mi propuesta, que expondré con detalles, pasa por una declaración como Paisaje Cultural Catastrófico. Y para ello, menciono el Convenio Europeo del Paisaje, para justificar que el valor del territorio no reside solo en su geología, sino en la memoria, identidad y uso social de sus habitantes.
Los artículos de opinión son responsabilidad exclusiva de sus autores. @UnidadParlamentariaEuropa #unidadparlamentaria#upr#PanoramaInternacionar


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