ODIOS Y FOBIAS

El odio y la fobia son dos sentires de pura pasión visceral, como tales suelen comportar negatividad, y suelen evitar la convivencia pacífica y fructífera.

Yo diría que el odio es un rechazo extremo a algo o a alguien, que no llega a ser patológico, y se encuentra relacionado con la educación, la cultura, y el carácter natural de cada cual.

La fobia, sin embargo, es un odio que sí puede considerarse patológico, porque llega a ser más extremo, y puede ir acompañado de manifestaciones psicosomáticas, e, incluso, de una histeria incontrolada.

Cuando odiamos a alguna persona, o a un grupo de personas, como, por ejemplo, una clase social, un partido político, ideologías, o razas, solemos adolecer de defectos y de carencias personales, en tanto en cuanto nos dure tal sentimiento, que, con un mayor o menor periodo de tiempo, suele remitir, desaparecer, o, al menos, atenuarse.

Cuando este odio por las personas se hace crónico, y se vuelve violento y vengativo, podríamos estar hablando de un odio fóbico, o de una fobia. Es en dicho caso cuando nos encontramos ante lo que conocemos como «fascismo», capaz de cometer crímenes horrendos, o de esclavizar a las personas.

En España, existe un fenómeno divisionario entre nuestro propio pueblo, que se conoce como: «Las dos Españas». Esta división de nuestra sociedad en bloques bien diferenciados viene producido por este odio que estamos refiriendo, en algunos casos llegando a la fobia, tanto por una parte como por otra.

Ahora no contamos con tiempo ni espacio, para hacer un análisis bien fundamentado de las causas sociológicas e históricas, que han forjado esta realidad, por ello nos limitamos a constatar el hecho.

Deberíamos cuidar los españoles nuestro carácter tan apasionado y emotivo, para que fuera posible una convivencia que diera frutos de hermandad y verdadero patriotismo. En río revuelto, pierden los peces, y ganan los pescadores, que es lo que viene ocurriendo con los enemigos naturales de España, pues se aprovechan de las rencillas entre nosotros mismos, para enfrentarnos, y perjudicar los proyectos comunes de nación, por los cuales estamos llamados a seguir creciendo, con la mano tendida a la reconciliación que sea necesaria, y el hombro arrimado para contribuir al beneficio común, con la mejor intención.

Si alguien nos cae mal, o no podemos ni verle, acudir a la persecución, o a hacer daños en su persona, equivale a un carácter agresivo, que debería reciclarse.

Cuando, quien sea, me cae gordo, lo que hago es evitarle, y trato de intimar nada, o lo menos posible. Nadie obliga a mantener una intimidad con todos, ni a leer todo aquello que se escribe. Si no soporto a alguien, lo mejor es pasar de esa persona, pero ir a hacer daño y perseguir a otro, u otros, no es normal ni de recibo.

FRAN AUDIJE

Madrid, España, 26 de febrero del 2026
Los artículos de opinión son responsabilidad exclusiva de sus autores. @UnidadParlamentaria


Descubre más desde REVISTA UNIDAD PARLAMENTARIA

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Deja un comentario