LA GENERALIZACIÓN DE LA INMORALIDAD

Vivimos tiempos de decadencia, pero no se crean que es una decadencia fruto del astío cultural. Esto es algo mucho más grave, porque no hemos llegado donde estamos llegando, por cauces naturales, sino forzados premeditadamente.

Me estoy refiriendo a una especie de harakiri, que el propio Imperio Occidental se hace a conciencia, siempre a través de sus autoridades políticas, que son las que toman las decisiones, y planifican lo que va a ocurrir, me temo que, en este caso, a sabiendas de lo que hacen, que es el principio del fin de un proyecto benigno y beneficioso, al menos para el Occidente desarrollado, al que están torpedeando para que se hunda.

No seamos ingenuos, por favor, pensando que la actual inmoralidad que nos invade, es una liberación para el ser humano. Existe una cosa que se llama hacer lo que nos da la gana, y otra, muy distinta, que se llama cumplir con el deber.

Para hacer lo que te da la gana, es decir, dar rienda suelta a tus apetencias, y satisfacer lo que te pide el cuerpo, no se necesita a penas nada por parte de uno, ni educación en valores religiosos, ni en principios éticos, ni nada de nada, solo un mundo cortado por este patrón de la inmoralidad, y el relajo total, dispuesto a darle a cada cual lo que pida, o aquello que se le ocurra, conforme a las ganas de los instintos.

Muy distinto es comportarse como una persona racional y educada, lejos de la animalidad y de lo bruto o lo bestia. En este caso sí se puede exigir responsabilidad, puesto que uno ha adquirido una formación determinada, y se le debe exigir el compromiso del cumplimiento de estas obligaciones contraidas, que es cumplir con el deber.

Parece que somos libres cuando hacemos lo que queremos, sin ninguna limitación. Craso error, estimados lectores. Hacer lo que te da la gana, sin cauces ni limitaciones, termina por destruirnos a nosotros mismos, y si estos comportamientos se generalizan, la sociedad entera está abocada al fracaso, a su propia destrucción.

Estamos hablando de la vía para acabar con las personas: darles todo lo que pidan, en cuanto a placeres, y toda aquella perversión que pueda ser concebida.

Ahora tenemos a la ideología de género, llamando a la puerta para legalizarse, pero, en la práctica, es como si fuera legal, porque se practica con disimulo en muchas partes. Los derechos que se les han concedido a los homosexuales, están muy bien, pero la realidad es que equivalen, en la práctica, a un concepto de la vida, del todo vale, y le damos a todo aquello que se mueve y tiene un agujerito.

Deberíamos entender que esto no es libertad, sino la esclavización del ser humano, dentro de la lógica animal y de la brutalidad. El ser humano es libre cuando responde a su naturaleza, empleando el cerebro privilegiado con el que está dotado, para ir más allá de sus instintos, forma del conocimiento animal, aplicando en el mundo la razón y el raciocinio, que no excluye a la fe religiosa, y que incluye a la ciencia y a la filosofía, todo ello formas del conocimiento humano.

En definitiva, que los políticos han traicionado a su patria Occidental, otrora difusora de una cultura humanista cristiana en todo el mundo, para facilitar la entrada en barrena de un trabajo bien hecho durante siglos, a pesar de la persistencia de la guerra y de las injusticias.

FRAN AUDIJE
Madrid, España, 28 de febrero del 2026
Los artículos de opinión son responsabilidad exclusiva de sus autores. @UnidadParlamentaria


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