Recuerdo aquel lema electoral que llevara a Felipe González, y al socialismo español, a lo más alto del poder en España: «Por el cambio».
Lema muy sencillo, e igualmente genial, para lograr uno de los grandes desafíos de la democracia en España: el arribo del socialismo al poder, por lo que a millones interesaba saber cuál era la apuesta del PSOE de Felipe González y Alfonso Guerra. La respuesta al enigma no dejaba lugar a dudas: el cambio.
Pero un cambio presumido hacia la prosperidad de los que no habían prosperado, respetando el estatus de los tradicionalmente prósperos. Algo que parece complicado, pero no tanto, aparentemente, para los expertos del socialismo, muy hábiles en la redistribución social de la riqueza, y de los recursos del país.
A décadas vista de aquel lema, y del proyecto del que era bandera y enseña, no podemos negar que la gente va a la Universidad, que recibe tratamiento eficaz en la Sanidad Pública, que tiene acceso a la cultura, que existe una protección para los desempleados, y una atención social muy buena para los mayores, que la gente viaja al extranjero, que se va de vacaciones, que los jóvenes aprovechan la juventud para divertirse y formarse, que hay libertad para abortar con ciertas prevenciones, que hay libertad para divorciarse, que los gays cuentan con derechos, y son respetados…
En definitiva, debemos afirmar los logros del socialismo, y no tenemos ganas de señalar los errores, que hubo, y muchos, porque es condición humana equivocarse, y perder el dominio de situaciones, todavía más en política, que en otro cualquier ámbito.
Los cambios, pues, no tienen por qué ser malos necesariamente, sino todo lo contrario. Es bueno cambiar de aires, y de escenarios, ante todo cuando se notan las atmósferas viciadas, y se está viendo la incapacidad de los actores para ir más allá de sus propias limitaciones.
Lo hemos visto con Gobiernos del Partido Popular también, cuando la toma del poder por José María Aznar, o por Mariano Rajoy, supusieron revulsivos para la maltrecha economía, o para desenquistar situaciones límite, como el final del Servicio Militar Obligatorio, el desbloqueo para la construcción de la autovía, Madrid-Valencia, o evitar la tiranía de los Hombres de Negro, en las cuentas monetarias españolas.
Los cambios nos han ido bien en la política española, no lo podemos dudar en absoluto. Ahora mismo, por el bien de todos, incluso de los que viven con mayor comodidad, el cambio sería providencial, y nos haría mucho bien, porque contamos con un Gobierno sumido en el caos de la corrupción, además de otros desbarajustes variados, como el peligroso extremismo hacia el que se está escorando, o la infructuosa deuda pública, que cabalga salvaje, sin bridas y sin jinete.
Hagamos oídos sordos a los mensajes de resistencia y de confianza, de los que se niegan a los cambios, porque el poder es adictivo, y tiende a acapararse y a aferrarse irresponsablemente. Tuvieron su oportunidad, y ya sabemos hasta donde pueden alcanzar. Debemos los ciudadanos poner la cabeza que ellos no saben ejercer, siguiendo derroteros de escasa prudencia, y de mucha mano rota. Es hora de otro cambio, y cuanto antes será mejor.
FRAN AUDIJE
Fotografía Juan Luis Guedejo
Madrid, España, 11 de marzo del 2026
Los artículos de opinión son responsabilidad exclusiva de sus autores. @UnidadParlamentaria
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