El director del Instituto Cervantes, D. Luis García Montero, colega mío en la poesía, y marido de la desaparecida escritora, Almudena Grandes, cuenta con mi afecto y simpatía, aunque, quizás, nos diferencien algunas ideas políticas. “Pecata minuta”, cuando las personas van unidas por el corazón, que es un corazón poético en ambos. Lo mismo en el caso de su también apreciada mujer, una de las grandes novelistas españolas del último siglo, una mujer incomprendida, a mi juicio, que supo poner en su pluma el quejido de tantas víctimas en España, de los abusos, y de la insolidaridad, como siempre, de unos contra otros.
Escuché al gran poeta, y director del Instituto Cervantes, declarar que el idioma castellano, o el español, como lo nombran en América, es un idioma que defiende la dignidad del hombre y los derechos humanos. Completamente de acuerdo con Luis García Montero, en estas declaraciones. Hubiera dicho yo lo mismo.
Ahí tenemos a las voces literarias del Siglo de Oro español, o las más recientes de la Generación del 1927, con autores especialmente señalados en el sentido apuntado, como Santa Teresa de Ávila, o San Juan de Ávila, sin olvidar al propio Miguel de Cervantes. Federico García Lorca, Luis Cernuda, Miguel Hernández… autores que nos acercaron este tema de la dignidad de las personas, de una manera significativa, y no solo eso, porque fueron autores involucrados en la lucha por un mundo más justo e igualitario. Autores que, no solo escribieron, sino que colaboraron en instituciones luchadoras por la dignidad del hombre. Me dejaré un montón de autores más en el tintero, estoy seguro, pero con esta representación que he nombrado, creo que vamos servidos.
Solo quería hacer unas puntualizaciones: cuando escribimos o decimos algo, máxime si es pronunciándonos a favor de la dignidad humana, debemos siempre guardar una correlación con nuestros actos. La coherencia con las ideas manifestadas no es una cuestión baladí, sino todo lo contrario, porque hablar en un sentido, pero actuar en otro distinto, se llama “hipocresía”.
Pido, pues, una coherencia con la defensa que se hace en España de los derechos humanos, para que no digan que somos unos cínicos, o algo parecido. Defendamos los derechos humanos, pero que nuestros actos y nuestras obras, acudan en la misma defensa, por favor. Dejemos de proteger a los violadores de los derechos humanos, y no consintamos nunca, que una sola víctima se quede sola ante el peligro.
Dicho esto, vaya un saludo para Luis, con todo el cariño, desde esta Tribuna de unos grandes hermanos de España, como son los mexicanos. Gracias a todos.
FRAN AUDIJE
Los artículos de opinión son responsabilidad exclusiva de sus autores. @UnidadParlamentaria

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