En España se quiere dar a entender, que la prostitución es un fenómeno originado por la demanda que existe de la misma. Se carga contra los clientes, el peso de la responsabilidad de esta proliferación, verdadera esclavitud del siglo XXI, como es calificada, teniendo en cuenta que, según las estadísticas, España va a la cabeza de la prostitución en Europa, y constituye el tercer lugar del mundo en esta lacra.
Caminar por las calles de muchas ciudades españolas, es cruzarse con parejas que te ofrecen la posibilidad de negociar pasar un rato agradable y excitante, con la mujer de esta pareja, en la que el varón resulta ser un proxeneta solapado, que explota, por supuesto, a la mujer que le acompaña, pretendidamente su esposa, o cualesquiera otro vínculo que pudieran imaginarse, para disimular y pasar desapercibido, puesto que la prostituta no es perseguida por las leyes penales, pero sí lo sería el proxeneta.
Tampoco se extrañen, si se encuentran con adultos en una sospechosa actitud de estar vendiendo la tierna carne de menores o infantes, porque es probable que no anden descaminados. Aunque en España es ilegal todavía la ideología de género, puedo dar fe de que se practica ya de manera escondida o disimulada, habiendo dado yo parte de este hecho a la Policía, cuya contestación fue: «Sabemos que ocurre, pero hacemos lo que podemos».
Como testigo y observador de la realidad social y política, debo añadir que, probablemente, la prostitución se ha disparado alarmantemente en España, durante las últimas décadas, y particularmente en esta última, llegando a formar parte de un proceso epidémico, dentro del cual podríamos añadir a la homosexualidad, y otro tipo de comportamientos sexuales depravados, entre los que he observado, coacciones encubiertas a las mujeres, para obligarlas a mantener relaciones sexuales, así como la práctica de la alcahuetería.
Creo que debiera investigarse, la posible participación de instituciones oficiales españolas, en el posible impulso de todos estos hechos que relato, en relación directa con la prostitución, y la epidemia de perversiones a la que, como observador, puedo certificar que soy testigo.
El descrédito de otras instituciones, antaño de gran influencia en el autocontrol ético, moral, y cívico, de la ciudadanía, como es la Iglesia católica; el aumento del Paro Laboral y la extensión de la precariedad en el mercado de trabajo; las últimas crisis econónicas que nos han asolado consecutivamente, y, como hemos señalado, la posible promoción de instituciones públicas, de forma solapada y corrupta, podrían estar entre las principales razones de este auge inquietante de la prostitución, sin descontar una cultura de la perversión, que ha ido echando raíces en España.
FRAN AUDIJE
Madrid, España, 25 de marzo del 2026
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