Podríamos creer que, todo lo que nos presentan como nuevo reto, es un avance para la humanidad, o algo a lo que nos debemos someter sin contestación alguna. Pero nada más lejos de la realidad, porque no todo es bueno, por muy bueno que nos los pudieran presentar, ni todo es tan malo, tampoco, como alguien lo pudiera exponer.
Creo que, la Inteligencia Artificial, es algo bueno, de manera relativa, pero tampoco creo que se deba condenar taxativamente. Como todo, se debería someter a un cuestionamiento ético, que no sé si se estará planteando.
Es evidente que la IA, nos libera de una enorme cantidad de trabajo, incluso es posible que nos libere de la mayor parte del trabajo, y que solo exista el trabajo de servir a este poderoso sistema, de manera que sea posible mantenerlo operativo, y en servicio para la humanidad. Sin embargo, la pregunta que surge automáticamente es: ¿A qué humanidad está sirviendo la IA?
¿Nos sirve a todos, o sirve a unos más que a otros, o sirve solo a los que interesa que sirva, y deja a otros en la marginación?
Uno de los mayores retos que presenta la IA, es en el terreno laboral, porque está claro que se va a poder prescindir de una ingente cantidad de puestos de trabajo, generalmente puestos con tareas monótonas, pero otro tipo de puestos que poseen cierta dosis de creatividad, también serán prescindibles. Esos puestos que es capaz de sustituir eficientemente, el nuevo sistema de inteligencia operativa, se cuentan por millones de personas. La pregunta es evidente: ¿Cómo va a absorber el mercado de trabajo todos estos puestos sustituidos por máquinas, y qué vamos a hacer con todas las bocas que se quedan sin auxilio laboral para poder comer, y sobrevivir en una sociedad donde todo es inteligencia, pero con una grave falta de humanidad?
Ya no solo sale dañado el mercado laboral, que va a beneficiar, en un primer momento, a los dueños de los negocios, puesto que, una vez amortizado el coste de este sistema, todo van a ser beneficios, sino que sale dañada la persona en sí misma, que deja de realizar una serie de funciones habituales y cotidianas, porque se las va a poder hacer un sistema, mitad inteligente, mitad mecánico, es decir, un elemento robótico, que se va a ir perfeccionando a lo largo del tiempo, sin que seamos capaces de atisbar a donde vamos a llegar.
Millones de personas, que dejan de hacer funciones elementales, hasta ahora diarias y constantes, ¿cómo van a sustituir esas facultades que, ahora, están dejando de ejercer y de practicar? Y, sobre todo, en qué van a emplear el tiempo todos esos trabajadores inutilizados por la avanzada robótica, capaz de pensar como ellos, y de llevar a cabo las tareas que realizaban ellos, incluso mejor, y sin cometer errores?
Lo de la IA, es para pensar en ello, y debatirlo, porque, a lo mejor, no es bueno ahondar en toda la extensión del desarrollo que se podría capacitar, pensando en las personas, y pensando en la subsistencia de nuestra sociedad.
Estoy viendo a un mar de personas con complejo de inutilidad, y estoy viendo a una ingente cantidad de trabajadores, consumidores de productos, que, de pronto, dejan de consumir por falta de ingresos, con lo cual los pingües beneficios con los que se frotan las manos tantos empresarios podrían decaer, arruinando los negocios de muchos.
¿No sería mejor hacer una moratoria de la IA, para prepararnos en debates sobre las posibles repercusiones de la misma, poco calculadas, me parece a mí, ante el deslumbramiento del nuevo avance tecnológico espectacular?
FRAN AUDIJE
Los artículos de opinión son responsabilidad exclusiva de sus autores. @UnidadParlamentaria

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