LA SEXUALIDAD EN LOS TIEMPOS DE LA DECADENCIA

San Agustín, en la Ciudad de Dios, realiza un estudio histórico, referente a la decadencia y desaparición del Imperio Romano, teniendo en cuenta que, San Agustín, fue un testigo privilegiado de los últimos años de este enorme y longevo Imperio. Por tanto, vivió muy de cerca, e incluso fue víctima, de las postrimerías de la Roma clásica, y de cómo fue, finalmente, invadida por los pueblos que los romanos calificaban como “Bárbaros”.

Los últimos años del Imperio Romano, a tenor de lo que desvela San Agustín, y otras fuentes históricas, fueron de una inusitada corrupción en todos los órdenes, y de una corrupción promovida desde el poder político, a través de medios que llegaban al pueblo de manera comprensible y seductora, como era, por ejemplo, el teatro, y, en general, cualquier tipo de manifestación cultural entre el pueblo.

Sabemos que, durante aquellos años decadentes, en Roma, se celebraban bacanales callejeras, en las que se cometían toda clase de excesos, tanto en el disfrute de suculentas viandas, como en cuanto a orgías sexuales.

El sexo en la Roma de la decadencia, pasó de ser un medio de procreación, a un placer cada vez más valorado, que acabó en vicio popular generalizado, con la práctica de toda clase de perversiones, la legalización de la infidelidad conyugal y de la promiscuidad.

Este hecho, dejó exhausta a Roma, carcomida por la inmoralidad y la degradación en las costumbres, facilitando la invasión de otros pueblos limítrofes, que, en teoría, eran menos ricos y evolucionados que la Roma de entonces.

El propio San Agustín murió mientras la fortaleza de la ciudad donde vivía, era asaltada por estos pueblos, provenientes del Norte de Europa, en su mayoría, tras un largo asedio a dicha fortaleza.

Los tiempos actuales, no van en una línea muy distinta de la que describe San Agustín en La Ciudad de Dios. Se pueden reconocer unos rasgos comunes importantes, entre el estudio que realiza este Padre de la Iglesia, y lo que se puede constatar con la observación de nuestro mundo presente.

La decadencia de Occidente es ostensible, y ampliamente reconocida, también visible en las costumbres que se imponen en cuanto a las relaciones sexuales del pueblo, en general. Asistimos a un incentivo del mundo gay, respaldado por instituciones públicas, como vemos en España, así como a la promoción de la ideología de género en todo el mundo. La relajación en cuanto a las costumbres sexológicas es evidente, y a la orden del día están las infidelidades, la promiscuidad, los abusos sexuales, la explotación sexual, o la cada vez mayor precocidad en el inicio de la práctica sexual.

La prostitución y la trata de personas, se han convertido en un negocio de supervivencia, cada vea más aceptado, y practicado sin complejos. Hemos observado que se utiliza el sexo como “pan y circo”, en una definición romana que viene a significar la manipulación de las relaciones sexuales, en favor de mantener al pueblo distraído de los verdaderos problemas de la nación, o del Imperio.

Estamos perdiendo rasgos de humanidad, en general, en el mundo actual, en favor de un tratamiento de lo corporal, cada vez con una adoración de mayor deformidad. Todo en detrimento de la razón, o del pensamiento racional, y de los sentimientos amorosos, que comienzan a pasar a un segundo plano, de modo que destaquen los atributos meramente sexuales o físicos, en las personas, y se las mida y valore por circunstancias de este tenor.

FRAN AUDIJE

Madrid, España, 31 de marzo del 2026
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