Antonio TENORIO ADAME
El Senado de la República aprobó inscribir el nombre de Ingeniero Heberto Castillo Martínez al salón de sesiones de la Comisión Permanente.
La formalización del acuerdo se realizará este martes 14 con la sesión solemne convocada para sus efectos correspondientes, a la cual han sido invitados los Poderes Ejecutivo y Judicial.
La oposición impugnadora
La decisión tomada en inscribir un nombre de un personaje sobresaliente de la historia política, en particular de la corriente progresista, implica una lectura diversa de la comprensión de la historia reciente fresca aún. Terrenos movedizos cuando la memoria ha sido invocada.
Primero: la presidenta Claudia Sheinbaum acude al Senado, así reanuda la presencia presidencial en el Congreso, ya que en el sexenio anterior se evadió asistir al recinto legislativo por la equívoca idea de correr el riesgo de la falta de respeto a la investidura; el argumento se basaba en el supuesto temor al escándalo de la senadora Lily Tellez (PAN).
El mantener inmaculada la investidura fue un pretexto; la ausencia permanente, sin duda, fue una falta de respeto a la representación nacional; en el fondo, Andrés Manuel no aceptaba el orden primigenio del Congreso y por eso se valió del sarcasmo de burlar a todos, incluso al Congreso.
Segundo: El ingeniero Heberto Castillo Martínez mantiene su aureola patriótica creciente, porque fue un hombre leal al Congreso, por eso el salón de sesiones de la Comisión Permanente llevará su nombre.
Tercero: el tronco histórico de la nación registra distintas modificaciones; entre otras, se destaca la vocación de lealtad a la representación nacional que él ejerció durante sus periodos, ya que su carrera legislativa se cumplió con lealtad y servicio en las Cámaras de Diputados y en la de Senadores.
Las razones de la mayoría
Porque no se trata de una conversión de un uso político de “Juntos hacemos la historia” de la llegada al poder de la nación por las fuerzas democratizadoras, sino de un complemento de los hechos antecedieron y que hoy se integran en una visión de toda su amplitud.
Cuarto: La transición del bloque histórico transformador ascendió al poder por la vía electoral, lo que significó el encuentro con poder constituido en los espacios de los órdenes de gobierno, ya definidos, así como el contenido del Poder Judicial. La ventaja fue un cambio de régimen sin violencia; no obstante, se aplazó el reemplazo del viejo aparato de la sustitución de cuadros de gobierno en el orden federal de gobierno, congresos locales y de ayuntamientos; ésos se cooptaron con salidas diplomáticas.
Quinto: El reconocimiento de las luchas libertarias del poder soberano se viene abriendo paso accidentadamente, como ahora se admite al promover recomendaciones que impidan el nepotismo y la intención fracasada de abatir la partidocracia para reemplazar por la representación electa en urnas, la cual fue entorpecida por egoísmo partidista.
Sexto: La elección del 2027 será de 500 diputados federales, 17 gubernaturas, más de mil ayuntamientos, cargos del poder judicial. Será un proceso de lo más complejo y amplio en la historia del país.
Séptimo: La definición de la identidad de Morena se debe dejar sentir con vigor, a costa de reducir todo lo posible la translucidez de priistas o panistas, lo más cercano al nuevo dirigente de identidad política de la llamada “revolución de conciencias” con horizonte externo abierto a la integración multifactorial y regional, a la vez de impugnación a la nazi fragmentación del neoliberalismo.
Supremacía constitucional legitima
El nacionalismo libertario se sustenta en un patriotismo constitucional, donde los acuerdos vinculados a la soberanía sean sometidos a referéndum, donde el soberano, el pueblo, sea quien decida cuál es su voluntad entre los costos esperados por la desigualdad asimétrica de desarrollo y las ventajas comparativas de ampliar el mercado de demanda.

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