LA PSICOLOGÍA ESPAÑOLA

Comentaba recientemente una visitante argentina a España, que voló hacia nuestro país por Iberia en la clase Bussines, que le pusieron una cena deliciosa en el avión. Particularmente le gustó el pastel del postre, y decidió pedir a la azafata que le atendía otro pastel adicional, cosa normal en estos vuelos y en la citada clase Bussines. La contestación de la azafata española, fue un tajante y escueto, «No». Realmente, añadía esta señora argentina, el fuerte de Iberia, no es el trato al cliente, aunque sí, desde luego, el cuidado técnico de los modernos aviones que sirven en la compañía española, y la buena preparación de sus pilotos.

El detalle en el que pretendo incidir, no obstante, es en el del carácter del español como media. Ese «No» tajante de la azafata, a uno de sus mejores clientes, como son los que se acomodan en la clase más cara y exclusiva de Iberia, resulta chirriante y extremadamente desagradable, aunque, seguramente, esté repleto de sinceridad y franqueza.

Pero la amabilidad, normalmente, va reñida con la sinceridad cruda y desnuda, de una negativa, o de una reprimenda. Para ser amable y empático es posible dar una negativa o decir una verdad merecida, sin necesidad de ser desagradable o brusco. Es todo un arte, muy bien dominado por otras culturas, como la Latinoamericana, por ejemplo, o, sin ir más lejos, por nuestros vecinos los portugueses.

Como dice el testimonio de este visitante a nuestro país, el fuerte del carácter español no viene siendo la amabilidad ni la empatía, porque somos, o tenemos tendencia, a la brusquedad. En el extranjero nos ven como algo brutos a la hora de expresarnos y relacionarnos, nos califican de «bravos», por el lenguaje ofensivo, por las expresiones directas y contundentes, y porque solemos hablar con fuerza de voz.

Hay un dicho, que es muy buen consejo: «Se cazan más moscas con una gota de miel, que usando un barril de vinagre».

FRAN AUDIJE

Madrid,España, 14 de enero del 2023


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