GRATITUD A LA MUJER

El recordado y añorado cantante, John Lennon, integrante de los míticos «The Beatles», y uno de los líderes del pacifismo en la década de 1970, cantaba en una de sus más afortunadas letras:

«Mujer, yo sé que entiendes a este pequeño niño, en el cuerpo de un hombre. Por favor, recuerda que mi vida está en tus manos. Pero, mujer, mantenme cerca de tu corazón, aunque la distancia no nos aleje. Después de todo, está escrito en las estrellas. Te amo».

«Woman», de John Lennon, de donde he extraído este mágico himno de gratitud hacia uno de mis más apasionados temas de pensamiento y dedicación, como es la mujer, expresa como nada y como nunca, mis sentimientos hacia este ser maravilloso, que es compañera vital de los varones, como tal, complemento idóneo y perfecto para la vida y para la convivencia, porque, no lo podemos negar, nos necesitamos mutuamente para sobrevivir y para lograr la felicidad, aunque, los hay que piensan que, la felicidad en este mundo, es una quimera.

La felicidad, a mi entender, nunca debería tomarse por una quimera, aunque pudiera serlo, sino que la deberíamos instituir como nuestro horizonte o meta última. El horizonte, es aquella meta que siempre está más allá, es aquel objetivo que alcanzamos, pero que, cuando alzamos la mirada de nuevo, volvemos a contemplar en el fondo de la lejanía.

El ser humano, quizás, se caracterice por ser un ente de permanente esperanza, y, por tanto, un ser esperanzador, del que siempre se aguarda más. La vida de las personas, mujeres y hombres, se encuentra marcada por la contradicción. Avanzamos y retrocedemos, continuamente. Vivimos a trompicones, podría decirse, y solemos aclararnos cuando ya es demasiado tarde para rectificar. Alguien dijo, con una certeza de abismo, que cuando empezamos a entender la vida, ya nos espera la muerte.

Por todos estos argumentos, que tanto nos condicionan a los seres humanos, puede que a los varones nos haya costado tanto hacer justicia hacia algo tan hermoso como es la mujer, el ser que comparte la humanidad con nosotros, en igualdad de condiciones, aunque dentro de la respetuosa diferencia que la naturaleza nos ha otorgado. Diferencia en la que predomina la fuerza bruta, sobre la mayor debilidad física femenina, y la extraordinaria sensibilidad de la mujer, sobre la inmadurez masculina, como bien supo reconocer John Lennon, lo cual nos indica que, los hombres, no somos estúpidos, y nos damos cuenta de esa ventaja de las mujeres con respecto a nosotros, aunque tal desventaja no nos deje, tantas veces, dejarnos llevar por ellas, por su sed natural de paz y concordia, una de las principales carencias en un mundo dirigido por los hombres.

FRAN AUDIJE

Madrid, España 16 de abril del 2023


Descubre más desde REVISTA UNIDAD PARLAMENTARIA

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Deja un comentario