Mi recuerdo de Esteban Volkov, el nieto de León Trotsky: “Sin memoria no hay futuro”


Por: Raúl Jiménez Lescas
Morelia, Michoacán, 17 de junio de 2023

Me clavé en sus ojos cuando lo conocí. Nunca había conocido ojos así. Era Coyoacán, México, pero él nació en Yalta, en la península de Crimea, el 7 de marzo de 1926. Tenía 13 años cuando llegó a México a vivir con sus abuelos: León Trotsky y Natalia Sedova. Estábamos en la casa de Leon Trotsky, ahí en Coyoacán. Le llevé mi texto sobre su abuelo. Reconozco que lo hice en unas horas, porque las cosas que salen del alma, no necesitan reposar.
Lo vio y le gustó mi texto. Se publicó y, pués es el texto más leído de la Casa Museo de León Trotsky.

Yo también lo diseñé y quedó hermoso, según yo, claro. Me di el lujo de ponerle una hoja de celofán, así de FIFI era..
Creo que fue en 1997, el 23 de octubre, para el 80 aniversario de la Revolución Soviética.
Yo hice todo: texto y diseño y se lo llevé a Esteban. Lo aprobó y es mi mejor recuerdo de él.

“Sieva” como le decíamos los seguidores del viejo León, era muy emocional. Cada que hablaba recordando a su abuelo y abuela, Naty como nosotros le decíamos, lloraba y, de verdad, que las lágrimas le salían del alma. Naty y Víctor Serge trabajaron el libro “Vida y muerte de León Trotsky”. Serge decía que Naty tenía el rostro trágico y arrugado, pues cómo no… lo que sufrieron no es para menos. Sieva sobrevivió al ataque organizado por los “comunistas” y “lombardistas” en esa casa coyoacanense. Siempre nos decía: mi abuela tiró a Trotsky de la cama para que no lo mataran. Y así fue: el instinto de mujer de Naty lo salvó, pero también que Siqueiros no tenía puntería.

Sieva era ingeniero y no se metía en cosas políticas, yo creo que hizo bien. Verónica Volkow es una buena poeta y escritora. Su madre se llamó Zinaida y, como todos los Bronstein (Trotskistas) fueron perseguidos por la GPU o policía secreta de José Stalin, el dictador más despiadado que ha dado la historia. Pero Sieva se dedicó a mantener esa Casa Museo León Trotsky, creo que lo hizo muy bien a sus 90 y tantos años. Cuando se inauguró y remodeló esa casa, vinieron a México los principales seguidores del “viejo León”: Ernest Mandel de Bélgica y Ernesto González de Argentina. El Che González me dijo: hazme un ceviche y, claro, que se lo hice con un buen “six”. Muchos años dejé de ver a Seiva, porque me fui a vivir a Morelia. Un día volví y como siempre decía: buenas tardes camarada.


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