Yo entiendo perfectamente la causa de liberación de la mujer, porque estoy sometido a una situación de marginación injustificada e irracional, que me lleva a luchar por mi libertad. Solo aquellos que experimentan la situación de carencia de libertad y de violación de derechos fundamentales, son capaces de ponerse en la piel de los que son vejados y humillados en este mundo, dentro del cual el pez grande se sigue comiendo al pequeño, e impera la ley selvática «del más fuerte».
El Feminismo es como se viene conociendo a la causa más famosa y mediática de reivindicación femenina, sobre la libertad y la equiparación de derechos de la mujer con respecto al varón. Pero hemos de anunciar, que existen otras vías activas de reivindicación femenina, aunque no hagan tanto ruido como las conocidas como «feministas». Sin ir más lejos, tenemos el grito del Evangelio cristiano, a favor de la liberación de la mujer. Pero, ¡ojo!, adviértase que hablo del Evangelio, y no de la Iglesia o de otro cualquier ente religioso cristiano, porque la altura del grito evangélico a favor de la mujer, desgraciadamente no ha calado en ninguna formación humana hasta el momento, tal es la hondura revolucionaria de Jesucristo a favor de la libertad de la mujer.
Hablando del Feminismo, que es nuestro tema central hoy, debemos admitir desde nuestro punto de vista, que la igualdad propugnada por este movimiento de mujeres, no nos parece que esté haciendo mucho favor a la liberación femenina, aunque también debemos reconocer que su presencia mediática llama la atención en la sociedad, consiguiendo mantener una tensión de respeto hacia la mujer, por parte de los varones, ya que la mera sospecha de que estamos siendo puestos en tela de juicio, provoca la moderación en los actos de las personas.
Baso mi opinión de la escasa efectividad del Feminismo en su lucha, en el caso último de España, donde un Gobierno que se ha declarado en lucha feminista, como el del presidente Pedro Sánchez, con un Ministerio creado bajo dicho expreso objetivo, me parece a mí que no ha alcanzado, ni mucho menos, metas de verdadera libertad para la mujer.
La mujer, hoy, en España, se encuentra en serio peligro de ser tratada más indignamente que nunca, porque se la ha constituido en objeto de deseo sexual, de manera que podríamos tildar de oficial. Nunca he visto a tantas mujeres prostituyéndose como en los últimos años, y nunca presencié en mi vida, a los proxenetas acompañando a sus obreras del sexo por plena vía pública, ofreciendo la carne fresca de sus explotadas con la mayor naturalidad del mundo. Esto me parece, no ya contrario a la liberación de la mujer, sino de un escándalo de vértigo.
Nos quedan imágenes en la mente, como las de aquel concurso de Eurovisión, en el que España presenta una cantante en escena, acompañada de otras dos bailarinas, vestidas las tres de manera impúdica, y realizando toda suerte de gestos provocadores sexualmente durante su actuación. Tampoco es moco de pavo, aquella polémica en la que a las socorristas de la Cruz Roja de Gijón, las obliga esta ONG que se soporta con capital público, a realizar su trabajo en top-less. No olvido tampoco, aquellos anuncios de publicidad que hacen guiños provocadores al sexo, dando un rodeo sorprendente, para exponer situaciones libidinosas, antes de presentar el producto.
Desde mi criterio personal, todo lo que sea internarse en aspectos de la vida privada de las personas, desde las instituciones públicas, es un error y una imprudencia, porque supone manipulación dentro del sagrado mundo de lo personal e íntimo. Tengamos en cuenta que, los derechos humanos, se suelen desarrollar en la intimidad de la persona, y que, por tanto, el ámbito de la intimidad es el que facilita la libertad del individuo. Por eso el Estado nunca debería meterse en aspectos relativos a las relaciones sexuales de la ciudadanía, ya que la sexualidad se sitúa dentro de lo más personal del ser humano.
Si queremos liberar a la mujer, dejemos que ellas mismas se organicen en su vida privada afectiva, con total libertad y naturalidad. Sobran los consejos ajenos, y sobra cualquier norma o ley que paute algo tan privado como es la relación casera del varón y de la mujer. Soy de la opinión, de que no debemos forzar la evolución de la sociedad en cuanto a las costumbres afectivas o amorosas, sino que la propia sociedad debe evolucionar ella misma, conforme al paso marcado por su propia idiosincrasia y circunstancias.
El Estado debe procurar la convivencia pacífica, ordenada y cívica, de la población, que no se recurra a la violencia, y que el ciudadano sea libre para amar, lejos de toda manipulación o explotación del débil. Tratar de educar a los ciudadanos, es un acto de suplantación de poder, porque cada uno es libre para elegir la forma de vida que considere oportuna. Un Estado que educa a sus ciudadanos, está más cerca de ser el viejo modelo del César, en cual el poder religioso y el temporal se personalizaban en la figura del Emperador, constituido en un verdadero tirano opresor, justo lo contrario de lo que dice perseguir el feminismo.
FRAN AUDIJE
Madrid,España,24 de junio del 2023
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