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Algunos escritores y pensadores, a lo largo y ancho del mundo, se encuentran en el trance de que están siendo violados en sus derechos humanos, por el simple hecho de que se desmarcan de la corriente oficial que marca la manera de actuar en una sociedad.
Esos a los que llaman inadaptados e incomprendidos, suelen ser gente con criterio propio, fruto de una manera de ser, que también se alimenta de la reflexión racional sobre la observación del mundo que les rodea, al cual ellos tampoco comprenden desde su racionalidad reflexiva, pero tratan de explicarlo racionalmente, por mucho que este mundo se encuentre instalado en la más pura irracionalidad.
Pero estos escritores y pensadores, a lo largo y ancho del mundo, por más que posean el talento y el coraje para enfrentarse a esos mundos injustos y crueles, son seres humanos, como todas las personas, y padecen, a veces de una manera que solo su pluma agraciada es capaz de expresar. La lucha de un escritor o de un artista, se libra desde la soledad de su estudio o de su escritorio, mientras esa sociedad que le rodea, goza de placeres y del reconocimiento de sus derechos, a veces hasta de manera abusiva, porque muchos de estos derechos son disfrutados a costa de la merma en los derechos del pobre escritor.
Que después de una vida entera de sinsabores y humillaciones, te vengan con reconocimientos en forma de premios, es mejor que irse a la tumba lleno de oprobio y en el anonimato, puesto que la elevación a público de un ejemplo de vida luchada y sufrida, podría servir a otros escritores y pensadores, de acicate y de auxilio. También a los jóvenes puede servir este ejemplo de vida, y los jóvenes son el futuro de la humanidad, por tanto, una esperanza de un futuro más justo y respetuoso con los derechos humanos.
Lo que yo siempre digo desde mi intimidad, es algo así como lo que dijo Jesús de Nazaret en el Huerto de los Olivos: «Señor, si es posible, que no tenga que tomar este cáliz», y que mi vida la pueda vivir, aunque solo sea un poquito, porque, como ser humano, deseo la felicidad, y no soy masoquista. Está bien que te premien y te reconozcan, pero también es deseable que te dejen vivir, y que te concedan esas amnistías y esos indultos, de los que gozan tantos personajes de dudosa reputación, que vivieron y que viven a costa de que otros no vivan. No deseamos ningún mal a nadie, ni siquiera a nuestros enemigos, y tendemos la mano a la reconciliación y al perdón, a ejemplo del propio Jesús de Nazaret, que murió lleno de oprobio, pero perdonando. Premios sí, pero derechos humanos, también, por favor. ¡Basta ya de un mundo opresor y tirano con el compromiso y la buena fe!.
FRAN AUDIJE
Madrid,España,20 de noviembre del 2023
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