España continúa con la mano puesta en Europa, a modo de indigente pedigüeño, sin razón para hacerlo, porque España cuenta con recursos y con capital humano de sobra, para dejar de necesitar la financiación europea tan importante que sigue demandando, y que está demostrando que nuestros gobernantes, no saben o no quieren, hacer las cosas como es debido.
El endeudamiento de España, a base de solicitar la financiación europea, solo beneficia a las malas gestiones políticas, porque posibilita que los malos gobernantes se mantengan en el poder, a pesar de no sacarle partido a los recursos del país. Recursos, que España tiene hasta el punto, de que sería capaz de aportar más de lo que recibe. La mano puesta de la indigencia, que es una vergüenza, se debe a que se fomenta de nuevo, el pan y circo de la España de las castañuelas, y se ha dejado de apoyar con firmeza a los productores de riqueza, que son las empresas, con sus empresarios a la cabeza.
Todo tiene una explicación: el actual Gobierno español, es alérgico a todo lo que huela a empresa y a empresario, porque lo identifica con una tiranía hacia el obrero y el trabajador, cuando no tiene que ser así de ninguna manera. Se pueden defender los derechos de los trabajadores, y los de los empresarios, sin duda alguna, tratando de mantener siempre un equilibrio, porque es justo que los trabajadores puedan vivir con un desahogo, que permita la realización de sus familias, y también es justo que el empresario obtenga sus beneficios y la riqueza, por la que arriesga su inversión y su trabajo altamente responsable.
Este equilibrio del que hablo, es el correcto para el desarrollo de España en una Europa, que se define por ser de economía de mercado y de capital. Las fórmulas comunistas, se ha demostrado que no son efectivas, y que fomentan la pobreza, en lo que a la economía se refiere. En cuanto al tema de la libertad, no ha existido, ni existe, una sola nación de carácter comunista, donde se haya podido hablar de libertad y de respeto de los derechos humanos.
Pero la España de la Constitución de 1978, tampoco es un Estado plenamente capitalista, ni mucho menos, sino que practica una política social, a medio camino con el capitalismo. España no es un país que deje desasistidos a sus ciudadanos, sin sanidad ni educación, sino que estamos protegidos por una serie de beneficios sociales públicos, que mantenemos entre todos con nuestros impuestos.
Por tanto, según mi criterio, España no necesita de una revolución de iluminados, que vengan a revertir algo que estaba bien hecho. Estamos necesitando gestiones competentes de lo que ya hay, que es muy bueno. Y estamos necesitando una revolución de honradez y respeto hacia las leyes y el Derecho, cuya dejadez es lo que nos ha traído la desgracia de la corrupción política, en una actitud autodestructiva de España, que está acentuando una decadencia de siglos, con apariencia de haberse frenado tras la llegada de la democracia y el Estado de Derecho.
FRAN AUDIJE
Madrid,España, 1de enero del 2024
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