Son las cinco de la madrugada, en la primavera española, y me despiertan unos pajaritos cantores, que pían y pían, con una sonoridad extraordinaria. ¡Vaya pulmones los de los pajaritos, y qué cantar tan llamativo!. Sin duda, hacen el amor, y se cortejan, para aparearse gozosamente. Es primavera, y la libertad de la naturaleza concede a sus criaturas el placer del amor.
Mientras soy testigo obligado de los lances amorosos de unos pájaros, que madrugan excitados por el clima propicio al amor, yazco solitario en mi cama. La primavera les llegó a los pájaros, pero a mí me ha pillado sin nadie con quien compartir mis anhelos libidinosos y afectivos. Como va de cantos la madrugada, me explico aquella canción de Jarabe de Palo: «Primavera que no llega». El Pepito grillo de mi conciencia, intenta una calma y un consuelo, con el recuerdo de que Pau Donés, líder del mencionado grupo, murió de Cáncer, y la primavera se le fue. Es decir, que a mi no me llega la primavera, pero a Pau Donés se le fue. Estamos a pachas, entonces, Pepito Grillo, pues sí que los has arreglado.
El pico de estos pajaritos es prodigioso, me recuerda al de los políticos. Shakespeare diría que tienen mucho pico, y pocas nueces. Entre ellos se aparean y lo pasan bomba, mientras nos deleitan al resto con sus discursos de mucho pico, pero, finalmente, la primavera continúa sin llegar a nuestras camas, o, al menos, a la mía. Espérate, que prendo la radio, y en las noticias se oye al Gobierno de España decir que el paro está mejor que nunca. Cuando salgo al balcón, me fijo en la oficina del INEM que hay justo enfrente, y ya hay parados guardando una cola que voltea la manzana. En otra esquina, frente al local de una ONG, existe otra cola de gente, que recoge alimentos de caridad. Ahora entiendo lo del mucho pico y pocas nueces del genial Shakespeare.
Ante esta soledad deprimente, en una primavera sin flores en mi vida, pero con muchos cantos a mi alrededor, hundo mi cabeza en un libro de Machado, donde leo su primavera personal, con una mujer llamada Guiomar. Una bella ninfa, que, al final de su vida, le proporcionó un calentón de tal calibre, que le escribió algunos de los más bellos versos de primavera, nunca jamás escritos. «Que me quiten lo bailao», debió pensar al poco tiempo, cuando agonizaba en el exilio francés, obligado por la persecución.
Guardo el libro de Machado en mi biblioteca personal, y retiro otro que descansa junto al mismo. Se trata del gran filósofo portugués, José Saramago, que fue investido con el prestigioso Nobel de Literatura. Esta es otra primavera distinta, la de los premios y las condecoraciones. Una primavera exenta de cantos y de sensualidad, pero llena de rigor académico y de benedicencias. Todo es maravilloso, y el mundo celebra la elevación de estos prohombres a los altares de la ciencia y de la filosofía, en una solemnidad que es orgásmica completamente, para los egos y las soberbias, después de años y más años, sin primaveras, y cantos de pájaros, que hacían el amor al otro lado de la ventana.
No perdamos la esperanza, pues, por mucho que la vida sea una mierda sin primavera. Puede ser que los pájaros se apiaden de ti, y, antes de que llegue la muerte, una Guiomar y un Nobel, se adelanten y te den la puntilla gozosa, para que te vayas a la tumba con una sonrisa.
FRAN AUDIJE
Madrid,España,8 de abril del 2024.
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