Por Francisco José Audije Pacheco
Me dicen por ahí unas voces,
Que no escriba más poemas,
Que voy a gafar el encuentro
Con la mozuela de mis sueños;
Que no escriba más poemas,
Que voy a asustar a la chica
Con tanta palabra hueca…
Me dicen por ahí unas voces,
Que el amor se demuestra amando,
Y no escribiendo palabras,
Una encima de la otra,
Poniendo coloradas a mujeres,
De tantas cosas secretas cual dicen
Que voy diciendo de todas ellas.
Que no, que no, que deja ya la escritura,
Deja ya de tanta rima, y de tanta cosa
Resabía, y pedante, y cochina,
Como dices que vas a hacer
En cuanto la niña que nombras
Te acerque sus labios, y te bese,
Que la muchacha bien te quiere,
Pero los dos solitos e íntimos,
Sin al pregonero dar más cuartos.
Es que nadie escribe tanto,
Y nadie obtiene tan mal resultado,
Como tus versos tirados al aire,
Que desperdician el tiempo,
Pues, las niñas bonitas,
Quieren ir al grano, y dejarse ya
De tanto rodeo romántico.
Pues yo te digo que llevas razón,
Pero soy poeta de los del corazón,
De los que no pueden vivir
Sin expresar lo grande del amor
Que sienten al ver una morena,
Tan gallarda y moza tan buena,
Que pasea bondades de hembra
Y ojazos de cierva en celo,
Por entre los jardines de la primavera.
Podrá ser un contratiempo,
Pero mi corazón rebosa de amor,
Y, antes de retozar con ella,
En el esplendor de la pradera,
Y de regalarle las flores,
Que sellen la morada hogareña
Que vamos a formar juntos,
De veras necesito aliviar mucho
Mi corazón de sentimientos
Por una mujer tan amada,
Que hace que se desborde
Todo mi ser por su belleza.
Teresa, eres la más guapa,
La morenaza de mis suspiros,
La mujer que hierve en mis venas,
Y que llevo en las entrañas,
Todas consumidas de ansia
Por cebarlas con tan dulce calor
Cual desprende tu regazo de fémina,
De una mujer que me ama,
Y a la que yo amo en profundo,
Desde lo más abisal y apartado
Que hay en mi corazón desnortado,
Que tú, mi hermosa prenda,
Tienes aturdido y alelado,
Desde que te viera en el ocaso,
Y en aquel amanecer preclaro,
Cuando el sol salía del mar,
Y mi espíritu se conmovía
Con la más sublime poesía,
Que eras, y serás, por siempre tú…
Mi Teresa, amada hasta límites
Incógnitos e incomprensibles,
Excepto para tu corazón, y el mío.
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