LUCHAR POR LA DIGNIDAD HUMANA

Una de las mayores heroicidades que puede cometer una persona, es lograr el triunfo de la coherencia. Ser coherente es conseguir alinear completamente, a nuestras acciones con nuestros ideales, confesados teóricamente, en un mundo que suele distinguirse por la falsedad y por el engaño, ejerciendo hipócritamente la tarea de proclamar principios, que luego traiciona, y de adoptar posturas forzadas, posteriormente derrumbadas, al poderse comprobar su inoperatividad y escasa practicidad.

Si hablamos de triunfo de la coherencia, en los que logran valientemente llevar a cabo lo que aseguran con palabras, debemos referirnos, igualmente, al fracaso de no haber sabido o no haber querido, compaginar la teoría con la práxis. Pero, lo peor de este fracaso personal, se produce cuando arrastramos a otros al fracaso y a la destrucción de sus vidas, por haber confiado en promesas y aseguraciones, que, luego, se convirtieron en una estafa, cuando no en una verdadera cárcel.

Pagar por haber sido engañado, si luego continúo con mi vida de manera autónoma, y se me presenta la oportunidad de recuperar lo que me robaron mediante engaño, no es tan malo como perder la libertad, y ser convertido en un esclavo de esa mentira que conducía a un callejón sin salida.

Mucho cuidado con la política de promesas de libertad y prosperidad, a cambio de que adoptemos momentáneamente, comportamientos indignos, producto de la depravación y del abuso, porque suelen ser mentira, y un atajo para que aceptemos sin beligerancia, lo que nunca habríamos materializado en nuestras vidas de manera natural. Normalmente, una vez dado el paso hacia la indignidad, podríamos ir cayendo cada vez más profundamente en ese pozo inhumano, hasta que llegue un momento en que nos sea imposible recuperarnos, y perezcamos irremediablemente.

Vayamos por la vida exigiendo respeto por nuestros derechos más fundamentales, de principio a fin, y que nunca se condicione el respeto de lo más fundamental, a ninguna venta de nuestras vidas sin derechos ni dignidad humana. Esa es una trampa muy ladina, de la que, en más ocasiones de las que creemos, luego es imposible salir.

Ser coherente, no es fácil, ni un camino de vinos y rosas, muy al contrario nos exige ponernos en pie de guerra, para luchar y luchar, en muchas ocasiones hasta la extenuación, y ponernos al borde de la muerte. Pero merece la pena perder la vida, o una parte de la vida, de manera que nunca besemos los pies de Satanás, que significan humillación y esclavitud, hasta límites infernales. Creedme, es mejor vivir luchando por la libertad y por mi dignidad como persona, que perder la vida revolcado en el lodo inmundo de la maldad y de la denigración humana.

FRAN AUDIJE
Madrid, España 23 de noviembre del 2024

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