España ha dejado en el mundo una impronta imperialista, merced al dominio sobre todas las naciones, durante un siglo y medio, de manera clara y efectiva. Posteriormente a ese momento, España prosiguió siendo una gran potencia, aunque los franceses y los británicos, nos habían sucedido en la ostentación del primer centro mundial.
No obstante, ese rastro imperial e imperialista, invitable, por otro lado, dejó también frutos más allá de las guerras y las batallas, así como de humillaciones a los pueblos que eran sometidos. Universidades, Hospitales, Colegios, Centros culturales religiosos, y un dato muy curioso, que dejaron de practicar los rivales más directos, como Francia, Gran Bretaña, y Holanda: España nunca exterminó a los pueblos indígenas de las tierras que logró dominar, y anexar a la propia nación, más allá del concepto colonialista. Se mezcló con los pueblos a donde llegaba, y, por primera vez en la Historia, surgió la costumbre del mestizaje.
Sin embargo, pese a hechos históricos de España, de los que cabría estar sumamente orgullosos, se constata cómo nosotros mismos, los españoles, nos hemos encargado, en los tiempos que corren, sobre todo, de enterrar a nuestros grandes héroes, y de pasar página a nuestra propia gesta histórica como nación, y como pueblo.
La Historia, fuere de una manera, o de otra, siempre enseña y nos alecciona. Por tanto, no creo que sea bueno taparla, por muy vergonzosa que pudiéramos juzgarla.
De todas formas, la Historia de España, como la de otras muchas naciones, cuenta con momentos gloriosos, entreverados entre otros momentos no tan gloriosos, e, incluso, miserables. Tirarlo al completo a la basura, podría no ajustarse al propio criterio empleado para justificar pasar página sin mirar, o arrancarlas directamente.
Siempre he mantenido que, el ser humano es por definición imperfecto, y cuenta con una marcada tendencia al error. Equivocarse es hasta normal, fíjense. Pero el sistema de aprendizaje: «Ensayo-error», es uno de los más efectivos. Dejemos, pues, a la Historia que nos enseñe a través de nuestros errores, siendo conscientes de que, tantas veces, los errores de unos, le cuestan la vida a otros, y a muchos otros también.
Yo, personalmente, siento orgullo de bastantes pasajes de nuestra Historia, aunque reconozca las necedades que cometimos en tantos otros. Por ejemplo, ayer, paseando por la plaza de Colón, en Madrid, me topé con una estatua dedicada a uno de los grandes marinos de la Armada española: Blas de Lezo y Olavarrieta. Bonito monumento a un marino semejante en sus gestas y en su valor, al británico Almirante Nelson. Pero la diferencia entre ambos, viene marcada por el orgullo histórico de una nación y otra: los británicos hicieron una bella plaza en todo el centro de Londres, Trafalgar Square, donde Nelson es el protagonista indiscutible. España ha colocado el discreto monumento a Blas de Lezo, en otro lugar discreto de una enorme plaza.
FRAN AUDIJE
Fotografía Juan Luis Guedejo
Madrid, España, 5 de octubre 2025.
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