Luis Navarro García
Fotografía redes sociales
Vive dentro de nosotros ese niño inquieto y locuelo que imagina y construye en su mente despierto sueños que no caben más que en una cabeza libre de pecado y de todo mal, y si no vive, pobre e infeliz diablo.
Mientras, en el transcurrir de esta travesía donde portamos a nuestras almas bajo nuestra piel durante toda una «vida», la misma vida nos forja y nos recubre de un manto impenetrable, salvo para unas contadas y exclusivas personas, capacitadas para llegar hasta lo más profundo de nuestro ser. Ellos son pocos y se han ganado el derecho a estar en ese lugar privilegiado.
Te hacían sentir raro, cuando lo que eras, era especial. Una sensibilidad que en tiempos fue nuestro peor castigo, en una sociedad fría, interesada, y adoctrinada, cuadriculada, que seguía a pies juntillas un patrón inculcado a fuego durante siglos.
Pero esa sensibilidad crece, se desarrolla y madura hasta convertirse en una bendición.
Un halo de empatía y luz, que a algunos molesta a kilómetros. Una intuición tan profunda y desarrollada que da miedo.
No eres ni peor ni mejor, simplemente eres distinto y eso te convierte en alguien a quién señalar, alguien a quién criticar o de quién hablar a tus espaldas.
Somos almas viejas que vinimos a seguir creciendo, no estamos aquí para un simple y triste transitar. Estamos para cumplir una misión, que tarde o temprano se nos presenta justo frente a nosotros y mirándonos a los ojos fijamente nos dice : «ya llegó tu momento, yo soy la verdadera razón de tu existencia aquí»
Esa es la razón de nuestro transitar, y no tener un trabajo mejor que el de tu vecino o un coche más grande, ni tan siquiera formar una familia o tener hijos.
Nuestro transitar es más espiritual y etéreo que material.
Hemos venido a crecer espiritualmente y a evolucionar nuestras almas.
Se encargaron de hacernos olvidar lo que es la generosidad y la hemos disfrazado ocultando tras cualquiera de nuestros actos, un repugnante Interés. Te hiciste desconfiado y con toda la razón del mundo, ante quién viene a tu vida a ofrecerte algo.
La generosidad, la empatía, la lealtad, el no faltar a la verdad, ser estoicos, la integridad, y sobre todo aceptar las consecuencias de lo que hagas y digas, de eso se trata.
Afortunadamente llegamos a un momento en la vida en la que vemos venir todo a kilómetros de distancia. La verdad se nos presenta con tan solo alejarte y tomar distancia un tiempo, y observar.
Las palabras no valen nada ya. La lealtad y la verdad se han prostituido por el interés de criminales y sinvergüenzas que no soportan la luz que emanan nuestras almas.
Alzar la voz y decir la verdad es un acto de rebeldía y de valor en un tiempo en el que quieren apagar nuestra luz.
Se leal a tí para empezar y sé leal a los demás. Desarrolla la empatía y la generosidad.
Ve siempre con la verdad de frente aunque ello suponga el camino más difícil. Es justo y necesario ir de frente y siempre con la verdad. Ayuda a quién verdaderamente lo necesita, y hazlo sin dudar y sin esperar absolutamente nada a cambio, hazlo sólo por el hecho de ayudar a quién lo necesita.
Hazlo y el universo te bendecirá. Somos energía como él.
Que nadie ni nada apague tu luz.
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