SAN VALENTÍN

Durante el siglo III, en la época del Emperador romano, Claudio II, existió un sacerdote cristiano, Valentín, que desafió la orden del Emperador, de no dejar que se casaran los soldados del Imperio, al considerar que los guerreros solteros, eran más eficaces en el combate. Valentín, se dedicó a casar en secreto a muchos de estos jóvenes, por lo que fue apresado y decapitado, para ser proclamado Santo de la Iglesia, por haber muerto bajo martirio, y por haber dado esa loa ejemplar al amor.

Desde entonces, la celebración en el calendario cristiano, de San Valentín, es aprovechado para recordar que, amar y ser amado, es una necesidad elemental de los seres humanos, tanto como el comer o el respirar, aunque tu cuerpo no muera por carecer de amor, exactamente; muere tu alma, puesto que el alma humana se alimenta del amor.

A la postre, las enfermedades del alma, y las carencias del alma, terminan repercutiendo en lo corporal, y se puede morir de amor, físicamente también.

Una de las necesidades de los bebés, cuando nacen del vientre de las madres, es el contacto con las mismas, equivalente a que el nuevo ser que llega a este mundo, se sienta aceptado y acogido. El cariño que proporcionan las madres a los hijos, en aquellos primeros momentos de vida, va a ser crucial para el equilibrio físico-psíquico de aquellos hombres y mujeres, en su futuro.

El amor es fundamental para los niños y los jóvenes, porque están en fase de formación y crecimiento como personas. Es más fácil construir a una persona, desde el amor en el entorno de una familia equilibrada, que desde cualquier otra circunstancia.

Pero, para las personas adultas, sigue siendo fundamental el amor, porque en el mismo es donde se encuentra la felicidad, no solo de amar, sino de encontrar a la persona que nos ame. El amor, sin correspondencia, carece de sal, o de azúcar, es insípido, y puede llegar a ser amargo, y trágico, según las personas.

El ejemplo del Emperador, Claudio II, es clarificador de la estupidez, y de la inhumanidad, que, tantas veces, embarga a los gobernantes de todos los tiempos, sabedores de lo traumático que resulta para una persona, no poder encontrar el amor.

Que nadie me venga con el cuento, de que poner obstáculos al amor, o bloquear afectivamente a una persona, incluso humillándola, es un error, o que se comete por ignorancia. Estos señores, por llamarles de forma educada, que tienen la inconsideración de despreciar a las personas que dependen de ellos, evitando que se puedan realizar en el amor, o yendo más lejos, al provocar dolencias que les conducen a la muerte, son verdaderos monstruos, que deberían probar de su propia medicina.

FRAN AUDIJE

Fotografía Juan Luis Guedejo

Madrid, España, 11 de febrero del 2026
Los artículos de opinión son responsabilidad exclusiva de sus autores. @UnidadParlamentaria

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