EL RELATO DE FICCIÓN: QUIÉRANME


Por Luis Mac Gregor Arroyo
Fotografía de Tha Samet Arslan en Pexels.

Para muchos la vida es un juego; para otros no. Simplemente es lo que les acontece todos los días; sin ponerse a considerar si cada momento les dictara alguna forma de cómo proceder. De cualquier manera, cuando la vida pasa y no se concreta el amor, uno se pone a meditar y, aunque aquí no corresponda, a poner las barbas a remojar.

Estaba así con el tazón de sopa, con agua, en la mesa. Me había dejado la barba un año para sentirme intelectual, lo cual no había servido de nada, y ahora no sabía para dónde ir. 45 años sin tener idea de lo que deseaba hacer. Había vivido años de soledad y una que otra relación perdida. La angustia era abrumadora y había personas que sólo me sangraban, como si de esa manera se alimentaran: <>. Eso no era padre. El daño era tal que a veces me retorcía en mi sofá o en la cama. En las noches sufría el acoso de labios ajenos sobre los míos. Eran fuerzas invisibles. Incluso mi baño no estaba a salvo. Alguien dejaba ahí sus orines, ¿quién diantres orinaba a toda hora en el baño sin mi permiso?

Así, mil cosas; me trataban como un animal. El tiempo ha pasado y ahora estoy un poco mejor. Hoy cumplo 46 y aún, pese al ataque brutal de todo el mundo, a quien le había entregado mi confianza, seguía en pie. Los sueños que tenía se fueron al piso. Ahora no sabía por dónde empezar: ir a la tumba de Sean Connery; tomar un crucero espacial y visitar los mundos cercanos, y tal vez hasta habitados; ir a saludar al Papa Francisco, qué hacer si para esos sueños hacía falta dinero.

Los abusos no tenían fin. A veces pensaba que todos en el universo me veían la cara. En otras ocasiones pensaba que alguien me podría amar sin abusar de mí. Pero no, la mujer en quien pensaba me quería deshacer mis principios morales y el gusto mío por las hembras. No sé qué había pasado, años antes, cuando vivía en Ixtlahuacán de los Membrillos, que estaba en mi cuarto, trabajando, cuando una y otra vez las personas iban a mi escritorio y lo tocaban. Como si todo el mundo estaba de acuerdo en algo sobre de mí; pero les valía.

Tal vez mis más acérrimos enemigos de entonces, o de los que tenía consciencia, para entonces se volvieron unos niños inocentes, con lo que posiblemente llegaría después. Como sea mi vida amorosa no tiene fin.

Saqué mis barbas del tazón y me fui a fumar mi pipa. Tal vez Annabel seguiría de bobo debajo de mi hombro izquierdo. Como sea, hasta el necio de Tiltus me parecía más honorable a esta altura. Quién se habría quedado con la hebra inicial y final de este abuso constante. Esa persona seguramente tendría un poder total… ¿pero cual, si yo era un simple humano como cualquiera?

El humo de la pipa comenzó a salir verde. Un truco que aprendí con los budistas: aspiras blanco y exhalas el aire del color deseado. En eso imaginé algo, tal vez una posibilidad, un sueño, mi deseo verdadero para los años que seguirían: tres mujeres, cada una durante diez años, los años que me quedaban, suponía, pero vividos a mi gusto.

Fue, cuando escuché un trueno durísimo, el más fuerte que he escuchado en mi vida, y una lluvia torrencial inició. Aún para Chapala era algo inusual. El Cielo estaba cayéndose. Miré por la ventana hacia arriba. ¿También habría mal tiempo en las alturas celestiales? ¿Por algo más el divino Jerusalén estaba cayéndose al golpeteo de las gotas al chocar con el suelo?

Bueno, finalmente no era de mi interés lo que sucediera arriba, todo lo que sube tiene que bajar, algún día la cobardía se enfrentará a sí misma. Me preguntaba, qué tendría que ver yo con todo ese revoltijo, si no quería saber nada de él.

Puse mi pipa en su soporte y me imaginé un texto absurdo, que leí hace tiempo en el periódico El Jornal. “Me levanté después de hacerle el amor a mi mujer. Caminé a la cocina, me masturbé y, después, me di un pasón con mota. Entonces ya había hecho mi mañana. La cotidianeidad…”. De seguro ese hombre estaba enamorado… Lo dudaba, cuántas personas leerían esa porquería y pensarían que era lo correcto. De seguro McVegetable no, porque dejó de hacerle a la droga por sus nietos. Si él tardó tanto en darse cuenta de lo absurdo que era, ¿cuándo las demás personas lo harán si no son famosas ni tienen la experiencia de tantos años? Esto es loco.

La otra cosa es el sexo. Es rico si se ama, así se disfruta diferente. No deseo hijos, ni compromiso sino puro amor. Por primera vez en mi vida sabía lo que quería y contaba con el ánimo para hacerlo en lo referente al amor. “El amor se acaba”, decía mi madre: “las personas sólo se quedan juntas por los hijos”. Cierto o no era para considerarse con seriedad. Aunque los hijos no los veía en mi vida. Si por accidente se daba alguno, pues ya qué. Soñaba con un amor basado en no tener hijos. Ni una ceremonia de por medio. Ser amado así, porque sí. Ese sería el amor verdadero. Pero serían tres hembras. Parecía un sueño pero podría ser realizable. Es una lástima. No había tiempo para más ni para menos. Era la concepción perfecta del amor para mí.

Seguía lloviendo y me salí al patio frontal a dejar que las gotas de agua me cayeran. Me mojé hasta los tobillos. Como si me hubieran arrojado cubetadas de agua. ¿Quién controlaba todo? ¿Sería un Dios o un alcornoque? ¿Con tanta guerra y hambre de seguro algún tonto? Por que con dos pases bien realizados igual todo estaría mucho mejor. Tal vez es alguien quién hace lo que aquel tipo en el relato de El Jornal. Quien no tiene ni idea de para qué es el poder. Pobrecito como Lado Obscuro murió en una de esas por indigestión.


Descubre más desde REVISTA UNIDAD PARLAMENTARIA

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Deja un comentario