Por Luis Mac Gregor Arroyo
Fotografía de Cottonbro studio en pexels.
El amor a veces mata. En mi caso es así. Pareciera que cada paso que doy a diario está lleno una contrarreacción voraz. No hay amor sino muerte. Un par de mujeres desean hacerme pedazos ya sea esté en las buenas o en las malas. Y así, el tiempo pasa y yo no puedo ver ni la sombra de algún tipo de felicidad. Además, estoy amenazado de muerte si no me uno en boda con una de esas mujeres y, el último día que nos veamos, al final de estar juntos, ésta me va a dar una lección por haberla mal querido; en vez de ella tener el valor de decirme adiós. Si existe el amor, debe resistir el dolor de la despedida, como último regalo de cariño. Claro no todo mundo ve la vida igual que yo. Sin embargo, estos arrebatos me hacen cuestionar si me quiero o no casar con esa persona. Es increíble, la he visto tan poco y no me gusta que me diga que debo y no debo hacer. Igual que lo hace otra hembra: Walkie-Talkie. La verdad es indiscutible: me están lavando el coco para que acabe con ellas en lugar de lograr mi libertad.
Soy objeto de abusos y violencia. La agresividad alcanza hasta a mi relación con mi madre. Un día, que me enojé con ella, Walkie-Talkie se puso espiritualmente de su lado… No es que las personas no deban de apoyar a quienes son más indefensos; pero alguien quien no es de una familia no debe meterse en los asuntos de otra familia. Tal vez reaccioné de manera exagerada con mi progenitora; pero parte de lo que lo provocó es la acción irresponsable de esas dos mujeres, y su actitud me llevó a verme en un camino con múltiples recovecos pero sin ninguna salida digna de mi historial. Inclusive podría llamar cobardía más que un acto tenaz lo hecho por Walkie-Talkie y Ricitos. Me pregunto si todas las actitudes negativas de ellas sólo provienen de ellas. Lo que sí es cierto es que suelen mostrar poco sentido común.
Ella dos parecen no tiener ni idea de lo que es el amor. No es que yo lo sepa, porque cada amor es diferente. Pero si no hay empatía, cómo quieren conseguir una relación. Triste porque ni de amigos facilitan el estar. Sus actitudes de hambre de amar espantan. Por cierto, a la primera de ellas la mandé a volar al no presentarse para tomar un café y tocar en la puerta de un vecino suyo, donde pensé se encontraba, y ella no salió; la segunda, nunca la llame, se puede decir que prácticamente decidió tener presencia en mi vida y ya van como seis años de ello. Su amor, realmente me apanica, en ocasiones ralla en una locura que se antoja similar a la de la película Miseria, con James Caan y Kathy Bates, donde una mujer secuestra a su escritor favorito y por amor le rompe dos de sus piernas. Además ambas mujeres se jactan de intimar mientras uno está solo. Eso es muy cruel. Si pudiera me desharía de ellas. Por desgracia no está en mi poder hacerlo; pues no uso fuerzas ocultas para hacerlo. Lo que usualmente tampoco ayuda, pues el diablo siempre está metido en ello. Por si hiciera falta más siento muchas cosas en mi cuerpo que no tendría por qué, como el percibir a veces cuando esas dos damas y otras dos hacen un disfrute sexual sin límites… del cual no siempre participo, por qué entonces debo de aguantarlo.
También está el caso de la paternidad. Una de todas esas mujeres desea que sea padre. Lo que no deseo. Mi gran anhelo es vivir con una mujer 10 años, luego con otra un número similar de años y finalmente lo mismo con una tercera. Sueño que fragüé a los 46 años. A esa edad supe lo que deseo en el amor. Justo entonces una de esas mujeres llegó para hacerme pedazos mis sueños junto a quien uno pensaría es consuelo y amor: Dios Padre. Ahora tras años de estarme lavando la cabeza estoy listo para ser amado como la canción de Soda Estéreo. Ojalá acabe feliz sin hijos o menores de edad que dependan de mí.
Sinceramente espero que el infierno tenga flamas largas y muy calientes. Algunas mujeres las van a necesitar para pagar sus penas por ofender, acosar, dañar mentalmente y violar a un hombre. Tal vez si me dejo relajar pudiera pensar que algunas de las actitudes de esas mujeres no son del todo apropósito. Posiblemente para buena parte de ellas existe una razón oculta. Con todo, en gran parte me inclino a pensar que su actitud, además de ignorante, tiene otra razón de ser, como si el diablo les estuviera quemando los pies y por ello actuaran desesperadamente. Si la hay pareciera ser un misterio. Cómo hacerlasentenderme si no aparecen aunque sea para tomar un café. No me conocen o lo hacen poco. No puede actuarse a favor o en contra de alguien si no se le conoce. Eso es tonto y no se trata de caer en la época de las cavernas. No somos cavernícolas. En fin yo con mi tortura y ellas desgañitándose porque no se atreven a verme en persona.
Sí, es cierto, a veces pienso como ser una persona mejor para hacer mi vida un poco más llevadera; pero me canso. No puedo con estas mujeres quienes en total son cuatro. Tampoco puedo con el mundo, quien espera de mí un ser perfecto. ¿Será él diablo perfecto? En mi caso yo trato de hacer las cosas un poco llevaderas, pero no, me canso. A veces hasta en lo que sueño me ataca lo irracional o tan sólo cuando tengo mis ojos cerrados. Ni modo, como Benito Juárez, a ser estoico y a esperar lo mejor.
¿Qué dos de esas mujeres le dicen a las otras cómo actuar? Interesante teoría. No quisiera imaginar que las últimas no piensan por ellas mismas. Por qué esconderse si la franqueza es lo mejor que hay. Cómo se puede proteger uno cuando se le intenta lavar la cabeza a quien esto escribe, en vez de apoyarle y hacer todo discretamente. Es mejor que todo mundo participe y así eliminar el problema. De esta manera sólo se agranda. ¿Acaso hay aquí algo de amor? A mí me gusta que las personas actúen sin trampas. Y sí considero que debo de alejarme de esta pesadilla. Si llego a quedarme solo: estoy acostumbrado a ello. No es lo ideal; pero más vale sólo que mal acompañado. Me pregunto en este camino ordinario que es el de mi vida me encontraré con una rubia superior que me haga olvidar las penas por un rato. Dios le dé más.
Descubre más desde REVISTA UNIDAD PARLAMENTARIA
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
