Siempre se ha dicho que «más se perdió en la guerra», una expresión que significa lo sumamente catastrófico que suponen los conflictos bélicos. Por mucho que uno pueda perder, o le puedan robar, siempre será mucho más destructivo y aniquilador, lo que se pierde en una guerra.
Las guerras son uno de los 7 caballos del Apocalipsis, algo completamente indeseable, pero quien busca y quiere la guerra, o bien cuenta con poderes muy superiores, que le dan como vencedor a toda costa; o ha perdido la cabeza, y los que le rodean no tienen otro remedio que asentir, sopena de sufrir daños vengativos sobre sus personas.
Es complicado condenar todas las guerras, por muy malas que nos parezcan todas, y lo son, en realidad.
Solo aquellas guerras libradas en legítima defensa, son las que aparentan alguna justificación, puesto que, la defensa propia, es el último recurso que le queda a todo aquel que es violentado y agredido.
Las últimas guerras que estamos viviendo, tanto en Venezuela, como en Irán, han resultado ser odiosas para una ingente cantidad de personas. Otros las aprueban, y hasta las celebran, porque creen que se ha producido una liberación del sufrido pueblo, oprimido por dictadores y caciques.
Se trataría de una legítima defensa, contra los tiranos de aquellas naciones, por tanto la guerra podríamos justificarla, en aras de lograr la liberación de pueblos prácticamente esclavizados.
Otro factor se nos presenta, no obstante: las consecuencias depresivas en la economía, y en el comercio entre las ditintas naciones.
Y más factores, como la posible extensión del conflicto a terceras naciones, que podrían verse afectadas, no solo por efectos colaterales de la guerra, sino también por un significativo efecto colateral, cual es el desencadenamiento de acciones terroristas.
Toca a los gobernantes aliados, o cercanos a las naciones que propugnan las guerras, sopesar los pros y los contras, para tomar decisiones de apoyo, o de huida en dirección contraria. Nunca ha de ser fácil pronunciarse categóricamente sobre conflictos armados, puesto que no se trata solo de tomar resoluciones viscerales o improvisadas. En bastantes ocasiones, el apoyo brindado, o la retirada del mismo, puede suponer caer en sanciones que empobrezcan a los pueblos.
FRAN AUDIJE
Madrid, España, 5 de marzo del 2026
Los artículos de opinión son responsabilidad exclusiva de sus autores. @UnidadParlamentaria

Descubre más desde REVISTA UNIDAD PARLAMENTARIA
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
