ROSAL PREMIADO

Eliezer Salinas Delpino

Impuesta por las redes sociales, la moda de «ser como una rosa» triunfó en las mentes infantiles y juveniles.
El hijo menor de la señora Eleuteria, desafiando el enfado de su madre, decidió salir a diario disfrazado de aquella flor, para lo cual cubría su cuerpo y cara con pétalos rosados.
Un anochecer sombrío, la señora Eleuteria se hartó y decidió sembrarlo. Armada con una chícura, cavo un hoyo lo suficientemente profundo y enterró al chico de pies y hasta las rodillas. Aplanó la tierra alrededor del hueco para asegurarse de que la «mata de rosas» no pudiera escapar de aquella siembra. Desarmó su rosal, tantas veces premiado, y adorno al joven con pétalos de diversos colores y espinas de distintos tamaños, pero de puntas igual de filosas que clavó cuidadosamente en ese débil tallo de carne injerta.
Esa noche llovió y el nuevo híbrido fue la única planta que,al parecer, no disfrutó de la llovizna.
La señora Eleuteria obtuvo, según contaba, dos éxitos por aquél accionar:1) descubrió que ese tipo de injerto se autorregaba (lo supo al probar el agua que lo rodeaba y notar su sabor salado), 2) el muchacho jamás volvió a disfrazarse.


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